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La Bitácora

Opinión, ensayo y memoria política

Geopolítica · Análisis · 24 may 2026

Trump negocia con Irán mientras Washington presiona en el Caribe

Un posible acuerdo entre Washington e Irán sobre el Estrecho de Ormuz redefiniría el equilibrio energético global y tendría consecuencias directas en los precios del petróleo que Colombia exporta.

Trump negocia con Irán mientras Washington presiona en el Caribe — Geopolítica, ilustración editorial

La noticia de que la administración Trump avanza en negociaciones con Irán —particularmente sobre la apertura del Estrecho de Ormuz— marca un giro geopolítico que trasciende Medio Oriente. Para Colombia y la región andina, esto no es un titular lejano. Es una reconfiguración de las reglas del juego energético mundial que afectará directamente nuestros ingresos fiscales, nuestra política exterior y nuestro posicionamiento en Washington.

El Estrecho de Ormuz como moneda de cambio

El Estrecho de Ormuz es el cuello de botella por donde transita aproximadamente el 20-21% del petróleo comercializado globalmente, según datos de la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA). Irán ha utilizado históricamente la amenaza de cerrar o restringir este paso como palanca de negociación. Un acuerdo que garantice su apertura —como sugieren las declaraciones de Trump— implicaría que Teherán renuncia a una de sus pocas armas de presión geopolítica a cambio de concesiones estadounidenses no especificadas en el comunicado.

Lo que Trump no detalló públicamente es qué obtiene Washington. Las negociaciones sobre Ormuz nunca son unilaterales. Históricamente, los acuerdos con Irán incluyen levantamiento de sanciones, acceso a mercados occidentales o reconocimiento diplomático. Cada una de estas opciones tiene implicaciones para Bogotá.

Petróleo: el precio de la estabilidad

Si Irán abre el Estrecho de Ormuz sin restricciones, la oferta global de crudo aumentaría. Según proyecciones de la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo), una mayor disponibilidad de petróleo iraní presionaría a la baja los precios internacionales. Colombia es el tercer productor de petróleo en América Latina, después de Brasil y México. Nuestro presupuesto nacional depende de ingresos petroleros que rondan el 3-4% del PIB en años de precios altos.

Un escenario de precios más bajos —digamos, entre 60 y 70 dólares por barril en lugar de los 80-90 actuales— reduciría los ingresos tributarios del Estado colombiano en miles de millones de pesos. Esto afecta directamente la capacidad de inversión en defensa, infraestructura y servicios sociales. No es un problema abstracto: es una restricción fiscal que el gobierno Petro ya enfrenta.

Pero hay un lado positivo. Una mayor estabilidad en Medio Oriente reduce el riesgo geopolítico. Los mercados de futuros de energía premian la predictibilidad. Si Trump logra un acuerdo duradero con Irán, la volatilidad disminuye, y eso beneficia a productores medianos como Colombia que dependen de precios predecibles para planificar inversiones.

Washington redefine sus alianzas regionales

El hecho de que Trump negocie directamente con Irán sin aparentes mediadores europeos o de Naciones Unidas sugiere una estrategia bilateral más agresiva. Esto tiene implicaciones para Colombia.

Históricamente, Colombia ha sido un aliado de Washington en la región. Nuestro posicionamiento en la OTAN como socio global, nuestras bases militares que cooperan con Estados Unidos, y nuestro rol en la lucha contra el narcotráfico nos han dado acceso privilegiado a la política exterior estadounidense. Pero si Trump está redefiniendo las reglas del juego con potencias regionales como Irán de forma unilateral, ¿qué significa eso para aliados tradicionales como nosotros?

Dos escenarios posibles: primero, que Colombia sea incluida en una nueva arquitectura de seguridad hemisférica donde Washington negocia directamente con actores globales y espera que sus aliados se alineen automáticamente. Segundo, que Colombia pierda relevancia relativa si Washington reduce su enfoque en América Latina para concentrarse en Medio Oriente y Asia.

El dilema de Bogotá

El gobierno Petro ha intentado diversificar las relaciones exteriores de Colombia, buscando mayor autonomía respecto a Washington. Pero un acuerdo Trump-Irán que estabilice Medio Oriente podría reducir la presión de Washington sobre Colombia en temas de seguridad, lo que daría más espacio para esa autonomía. O podría significar lo opuesto: que Washington, menos preocupado por Irán, intensifique su presión sobre Colombia en temas de migración, drogas y alianzas geopolíticas.

Lo que es cierto es que Colombia no puede permanecer pasiva. Necesitamos entender qué negocia Trump con Irán, cuáles son las concesiones reales, y cómo eso redefine nuestro espacio de maniobra en Washington. No podemos depender de comunicados públicos que ocultan más de lo que revelan.

La apertura del Estrecho de Ormuz es una noticia sobre petróleo, energía y estabilidad. Pero también es una noticia sobre quién define el orden internacional y quién queda al margen de esa definición. Colombia debe asegurarse de estar en la mesa, no solo en la audiencia.

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Columnista de La Bitácora

Andrés Felipe Torres Quintana

42 años, Bucaramanga. Economista UIS con maestría en Relaciones Internacionales del Externado. 10 años en consultoría de riesgo político.

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