Westcol anunció este miércoles que no haría el stream previsto con Paloma Valencia para el jueves. En su lugar, transmitirá con Abelardo de la Espriella el sábado 30 de mayo, apenas 24 horas antes de las urnas.
La justificación fue directa: según Westcol en su transmisión en Kick, el problema no es Valencia sino dinámicas externas a su campaña. Mencionó específicamente al creador de contenido Yeferson Cossio, quien trabaja en la campaña. Westcol dijo que rechaza prácticas que asocia con Cossio: “Presuntamente han hecho muchas cosas, con las que yo no estoy de acuerdo. Pirámides, promoción de criptomonedas, métele 5 mil que te gana 5 millones, cosas así”. El Colombiano documentó que Cossio fue multado por prometer que su curso hacía ricos en cinco meses.
Westcol aclaró que su problema no es con Valencia como candidata. “Yo hice un stream con Uribe, Uribe se expresó, habló, dio todo su apoyo en todo el stream a Paloma, no hay ningún problema obviamente con Paloma”. Su argumento fue que prefiere no “meterse en esa colada” con prácticas que considera cuestionables.
Lo relevante aquí va más allá de una cancelación de último momento. Westcol transformó su canal en Kick en arena política nacional tras entrevistar a Petro y Uribe. Ahora, 48 horas antes de que se cierren las urnas, decide quién entra y quién no. Sin estándares públicos. Sin mecanismo de apelación. Sin transparencia.
El streamer reconoce el peso de esta posición. Explicó que el plan inicial era hacer streams con varios candidatos, pero “está todo muy encima”. Iván Cepeda pidió participar solo en segunda vuelta. Valencia y De la Espriella aceptaron. Luego vino el cambio.
La pregunta sin respuesta: ¿cuáles son los criterios editoriales de una plataforma privada que funciona como espacio político? ¿Pueden modificarse 24 horas antes de una jornada electoral? En un contexto donde candidatos dependen de estos canales para llegar a audiencias masivas, la ausencia de reglas públicas es un problema institucional real, no solo una anécdota de redes.