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La Bitácora

Opinión, ensayo y memoria política

Política · Análisis · 13 jun 2026

Bolívar reconoce un optimismo mal calculado en la campaña Cepeda

El exsenador admitió en Blu Radio que un segmento cercano a 400.000 votantes afines no concurrió a las urnas el 13 de junio.

Bolívar reconoce un optimismo mal calculado en la campaña Cepeda — Política, ilustración editorial

Una autocrítica a destiempo suele decir más que una victoria. El exsenador Gustavo Bolívar, uno de los respaldos de la candidatura de Iván Cepeda, concedió una entrevista a Blu Radio en la que reconoció públicamente que la campaña incurrió en un “exceso de optimismo” durante la primera vuelta presidencial, según reportó La Opinión de Cúcuta.

La admisión trae un número concreto. En palabras de Bolívar, recogidas por La Opinión, ejercicios internos de la campaña habrían estimado que cerca de un 10% del potencial electoral de Cepeda —equivalente a “unos 400 y tanto mil de votos”— no concurrió a las urnas pese a identificarse con la candidatura. La causa que el exdirector del Departamento para la Prosperidad Social atribuye a ese segmento es la percepción de que su voto no sería determinante, lectura que, según el propio Bolívar, se modificó tras el resultado.

El dato, en sí mismo, no es verificable de forma independiente: forma parte de los modelos internos de la campaña y, como tal, debe leerse con la cautela que merece cualquier autodiagnóstico partidista. La Opinión lo transcribió y lo publicó como declaración atribuida, no como cifra confirmada por la Registraduría ni por un observatorio electoral externo. Conviene recordarlo antes de convertirlo en consigna.

Un segundo grupo de votantes, también según Bolívar, no fue movilizado por “dificultades logísticas y económicas”, en particular en zonas periféricas del país y de las ciudades, donde el costo del transporte operaría como barrera efectiva para el ejercicio del voto. El señalamiento pone sobre la mesa un problema que trasciende a esta campaña: la distancia entre el derecho formal al sufragio y la posibilidad material de ejercerlo. En Colombia, la accesibilidad de los puestos de votación es un asunto pendiente que ninguna reforma electoral reciente ha abordado con seriedad.

La respuesta operativa que Bolívar anunció para la segunda vuelta del 21 de junio es reveladora por lo que dice y por lo que calla. “Para esta ocasión ya no podemos dar esa papaya”, declaró, al anunciar que la campaña ajustará su estrategia. En la misma entrevista sostuvo que la operación política y logística será más intensa que en la primera jornada, lo que en la práctica supone modificar la asignación de recursos. Lo que la campaña no ha detallado —y esta columna lo señalará en próximos reportes— son los montos, los operadores territoriales ni los rubros específicos que se activarán. El aplicativo Cuentas Claras del Consejo Nacional Electoral debería reflejar esos movimientos en los próximos días.

Queda, además, la lectura comparativa que el propio Bolívar ofreció al cierre de la entrevista. Citó el caso peruano, donde la definición presidencial se dirimió por márgenes mínimos, como referencia para anticipar un escenario ajustado. La mención no es retórica neutra: alude a un contexto donde la operación electoral —transporte, testigos, conteo, software de preconteo— puede ser tan determinante como la intención de voto. En ese marco, la autocrítica registrada por La Opinión no es solo transparencia interna: es el reconocimiento, formulado por uno de los voceros de la campaña, de que la segunda vuelta puede resolverse en la logística, no en el discurso.

Una observación final. La admisión llega después de la primera vuelta, no antes. La pregunta razonable que deja esta secuencia es si la campaña disponía de esos mismos datos durante la jornada del 13 de junio y decidió no utilizarlos, o si los modelos internos fallaron en dimensionar la abstención de su propio electorado. Son dos hipótesis distintas, con consecuencias distintas. La primera hablaría de un problema de lectura política; la segunda, de un problema de lectura técnica. En cualquiera de los dos casos, la respuesta no puede ser otra que transparencia sobre los números: cuántos votantes se estimaban, cuántos efectivamente salieron, y qué brecha quedó sin cerrar. El 21 de junio, esa brecha puede ser la diferencia entre pasar a la historia y pasar al olvido.

La Bitácora seguirá con atención los reportes de la campaña y los registros de financiación ante el aplicativo Cuentas Claras del CNE.

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Columnista de La Bitácora

Catalina Restrepo Mejía

38 años, Medellín. Egresada de Ciencia Política de EAFIT con maestría en Periodismo de los Andes. 15 años cubriendo contratación pública y política regional.

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