Las proyecciones del Instituto de Finanzas Internacionales para 2026 dibujan un mapa económico regional donde Colombia ocupa una posición incómoda: novena en crecimiento con apenas 2,3% anual. Mientras tanto, Centroamérica —particularmente Panamá y República Dominicana— encabeza las expectativas de expansión. Este desplazamiento no es anecdótico. Refleja cambios estructurales en la competitividad regional que merecen lectura cuidadosa.
El rezago andino en perspectiva
La cifra de 2,3% sitúa a Colombia por debajo del promedio regional estimado y, más importante, por debajo de sus propias capacidades históricas. Entre 2000 y 2019, antes de la pandemia, Colombia promedió 4,1% anual según el Banco de la República. Incluso en años de crisis —2009, 2015— superó el 2,3%. La pregunta no es si crece, sino por qué crece tan poco siendo la cuarta economía de América Latina.
Panamá, con su economía de tránsito y servicios financieros, proyecta cifras que duplican o triplican la colombiana. República Dominicana mantiene tasas de dos dígitos en turismo y remesas. Ambas tienen ventajas específicas: Panamá, el Canal; República Dominicana, la cercanía a mercados estadounidenses y caribeños. Pero Colombia tiene petróleo, agricultura, minería y una base industrial que Centroamérica no posee. El contraste sugiere que el problema no es dotación de recursos sino decisiones de política.
Tres factores que explican el estancamiento
Incertidumbre regulatoria y fiscal. El gobierno actual ha generado volatilidad en reglas de juego para inversión privada. Reforma tributaria anunciada pero sin detalles; reforma laboral con resistencia sindical; reforma pensional con impacto fiscal aún no digerido. Los analistas de riesgo político regional —consultoras como Eurasia Group y Control Risks— documentan que empresas multinacionales retrasan decisiones de inversión en Colombia mientras evalúan Nicaragua, Panamá o México. La incertidumbre cuesta puntos de crecimiento.
Deterioro de la seguridad en zonas productivas. El descontrol territorial en regiones mineras y agrícolas del Cauca, Nariño y Putumayo ha elevado costos operativos y reducido oferta de bienes transables. Esto no es solo un problema de orden público: es un problema de productividad. Empresas que podrían invertir en ampliación de capacidad prefieren esperar. Remesas internas desde zonas de conflicto hacia centros urbanos sostienen consumo, pero no generan crecimiento endógeno.
Alineación geopolítica y acceso a mercados. Las relaciones con Estados Unidos —principal socio comercial— se han tensionado por diferencias en política exterior (postura sobre Venezuela, Nicaragua, China). Esto no ha derivado en sanciones formales, pero sí en enfriamiento de cooperación militar y revisión de acuerdos comerciales. Panamá, por el contrario, mantiene alineación clara con Washington. República Dominicana también. En geopolítica comercial, la claridad paga.
¿Qué significa esto para el inversionista?
Un crecimiento de 2,3% implica desempleo persistente (actualmente cercano a 10,5% según DANE), presión sobre recaudos tributarios, y menor capacidad de servicio de deuda pública. El déficit fiscal estructural de Colombia —cercano a 5% del PIB— se vuelve más difícil de financiar cuando la economía crece lentamente. Esto retroalimenta presión sobre tasas de interés y costo de capital.
Para el sector privado, significa que la rentabilidad de nuevas inversiones cae. Un proyecto que requiere 8% de retorno anual es más viable en un contexto de 5% de crecimiento que en uno de 2,3%. Esto explica por qué Panamá y República Dominicana atraen capital de riesgo: sus tasas de crecimiento justifican retornos esperados.
La ventana de oportunidad
La buena noticia es que 2,3% no es un piso inevitable. Colombia tiene instrumentos de política disponibles: reducción de burocracia regulatoria, reforma tributaria que amplíe base sin elevar tasas marginales, restauración de seguridad en zonas productivas, y claridad en posicionamiento geopolítico. Otros países de la región lo han hecho. México, a pesar de sus problemas de seguridad, mantiene crecimiento de 2,5-3% porque inversionistas ven horizonte claro. Panamá crece porque su modelo de negocio es predecible.
Colombia no necesita reinventarse. Necesita recuperar previsibilidad. Mientras tanto, seguirá siendo novena en una región donde noveno significa quedarse atrás.