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La Bitácora

Opinión, ensayo y memoria política

Deportes · Análisis · 20 jun 2026

Cuando el fútbol obliga a pensar en lo que no se ve

Alemania gana sin convencer, Ecuador empata sin ganar y Curazao rescata un punto histórico. El Grupo E obliga a preguntarse qué mide realmente una tabla.

Cuando el fútbol obliga a pensar en lo que no se ve — Deportes, ilustración editorial

¿Qué nos dice una tabla de posiciones cuando el fútbol que la produjo desmiente sus cifras? Alemania lidera el Grupo E con puntaje perfecto, seis de seis, y una diferencia de gol que adorna el liderato. Sin embargo, quien siguió el partido contra Costa de Marfil sabe que los números ocultan algo que los colombianos deberíamos reconocer: la fragilidad que precede a la eficacia, y cómo la costumbre de ganar puede confundirse con el derecho a ganar.

El equipo de Julian Nagelsmann llegó al minuto 68 con el marcador en contra, vulnerado por un gol de Franck Kessié que expuso las fisuras de una defensa que no supo contener un rebote ordinario. Fue Deniz Undav, entrado desde el banco, quien primero empató con una volea y luego, ya en el tiempo añadido, consumó la remontada. La eficiencia alemana sigue siendo formidable: dos partidos, dos victorias, clasificación asegurada antes de la tercera fecha. Pero la eficiencia no es siempre sinónimo de dominio, y en el res publica del balompié, como en el de la política, confundir ambas cosas es el primer paso hacia la sorpresa que nadie prevé.

Costa de Marfil, por su parte, demostró que el orden táctico puede compensar diferencias de nombres y palmarés. Los africanos se van con tres puntos y una diferencia de gol neutral, pero con algo más valioso: la certeza de que el liderato alemán es negociable. Tocqueville, en otro contexto, observó que las democracias tienden a confundir la apariencia de fuerza con la fuerza misma. El fútbol contemporáneo no está exento de esta ilusión.

Mientras tanto, Ecuador y Curazao firmaron un 0-0 que deja a los ecuatorianos con un punto y la sensación de oportunidad desperdiciada. El dominio territorial, las quince atajadas del portero caribeño Eloy Room, los intentos frustrados de una selección que buscó pero no halló: todo ello configura un empate que para Curazao es historia —su primer punto en una Copa del Mundo— y para Ecuador, una advertencia. Hernán Galíndez, del lado ecuatoriano, también tuvo que intervenir para mantener el cero, lo que sugiere que el equilibrio no fue tan asimétrico como el dominio de posesión podría indicar.

Aquí emerge una pregunta que trasciende lo deportivo. ¿Qué valoramos cuando valoramos el resultado? Karl Popper, en La sociedad abierta y sus enemigos, distinguió entre las sociedades que juzgan por los fines declarados y las que examinan los procedimientos. Aplicado al fútbol, el dilema es el siguiente: ¿merece más el equipo que construye y no concreta, o el que resiste y rescata? La tabla responde con crudeza: Curazao y Ecuador comparten un punto, pero el primero celebra y el segundo lamenta. El contexto determina la significación del número, como en política una misma cifra de crecimiento puede significar recuperación o estancamiento según quien la gobierne.

Alemania enfrentará a Ecuador en la última fecha con la tranquilidad de quien ya está clasificado. Para los sudamericanos, el partido se convierte en una final anticipada, una instancia donde el empate puede no bastar y donde la necesidad de ganar podría alterar la lógica de juego que hasta ahora los ha caracterizado. Nagelsmann, entrenador de la renovación alemana, tendrá la tentación de rotar, de preservar, de tratar el partido como lo que es para su equipo: un trámite. Pero los trámites, en el fútbol como en la administración pública, tienen costos invisibles que solo se revelan más adelante.

Curazao, matemáticamente eliminado con sus menos seis de diferencia de gol, cierra contra Costa de Marfil con la libertad de quien nada tiene que perder. Esa libertad es peligrosa para quienes sí tienen. Es la misma lógica que Hannah Arendt identificó en las formas del totalitarismo: no la que domina, sino la que no le importa perder, la que juega sin las ataduras de la expectativa. En el fútbol, felizmente, esta dinámica produce solo sorpresas deportivas, no catástrofes políticas.

El Grupo E, en suma, es un espejo donde los colombianos podríamos mirarnos sin excesivo narcisismo. Nos muestra que las jerarquías históricas se respetan hasta que dejan de respetarse, que la posesión sin conversión es un argumento incompleto, y que el punto que se celebra o se lamenta depende de dónde se mire. La tabla de posiciones es un documento institucional del torneo, pero no es su verdad completa. Como las instituciones democráticas, registra lo formal; la sustancia exige otra mirada, más lenta, más exigente con lo que no se ve a simple vista.

Alemania lidera, Ecuador sufre, Curazao sorprende. El fútbol mundial sigue su curso, y nosotros, lectores de pasiones y de números, seguimos preguntándonos qué miden realmente las mediciones que aceptamos sin examinar.

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Columnista de La Bitácora

Mauricio Vélez Camargo

54 años, Bogotá. Derecho Universidad Nacional, filosofía política en la Javeriana, máster Complutense de Madrid. 15 años en medios colombianos y europeos.

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