Abelardo de la Espriella será el presidente de Colombia entre 2026 y 2030, según el preconteo reportado por Caracol Radio. El abogado, nacido en Bogotá y criado en Montería, obtuvo casi 13 millones de votos en la segunda vuelta, superando al candidato del Pacto Histórico, Iván Cepeda. La fórmula vicepresidencial será José Manuel Restrepo, exministro de Hacienda.
El resultado tiene tres datos que conviene poner sobre la mesa antes que cualquier adjetivo.
Primero, el perfil del ganador. De la Espriella es abogado de la Universidad Sergio Arboleda, con especializaciones en ciencias penales en el Externado y en derecho administrativo en el Rosario, y máster internacional en la Universidad Nebrija. Recibió un doctorado honoris causa de la Universidad Autónoma del Caribe y otro de la Federación Iberoamericana de Abogados. En la última década residió en Estados Unidos, donde habría adquirido la nacionalidad estadounidense; también está nacionalizado italiano, según el mismo reporte. Es decir, el próximo jefe de Estado llega con doble —o triple— pasaporte.
Segundo, el tono de su propuesta. El plan de gobierno se articula en torno a tres ejes: defensa nacional, patriotismo constitucional y seguridad bajo el rótulo de “Patria Milagro”. El candidato calificó la Paz Total de Gustavo Petro como “paz fracasada” y “traición a la patria”, y sostuvo que “con los criminales no habrá negociación”. Propuso además una limpieza institucional que comenzaría por Ecopetrol, un Bloque de Búsqueda contra la corrupción dirigido por el propio presidente, extinción de dominio exprés, reforma de la contratación pública y migración de toda la contratación estatal a blockchain para 2030. En materia económica, junto a Restrepo planteó un crecimiento del 7 % anual, un ajuste fiscal que reduciría el tamaño del Estado hasta en una cuarta parte, superávit primario y una “Gran Revolución de DesRegulación”.
Tercero, la lectura política. La victoria se produce sobre un electorado que durante cuatro años observó un deterioro institucional que esta columna ha documentado en varias entregas. La promesa de “devolver la Constitución al centro” y de rechazar una constituyente sintoniza con un sector del país que pide orden, no refundación. Pero la misma oferta contiene zonas grises que exigirán seguimiento riguroso desde el primer día: la intervención directa del presidente en la cúpula de Ecopetrol, la conducción personal del “bloque anticorrupción” y la promesa de migración tecnológica total de la contratación en cuatro años.
En este medio lo dijimos cuando el gobierno de Petro acertó y lo reiteramos hoy: la independencia judicial, la separación de poderes y la profesionalización de la fuerza pública no son consignas de campaña, son columna vertebral del Estado de derecho. Si la nueva administración cumple lo ofrecido —jucese independientes, prensa libre, contratación trazable—, el país tendrá una oportunidad real de reconstrucción institucional. Si usa las mismas herramientas para concentrar poder bajo otro ropaje, el resultado será indistinguible del que se prometió corregir.
Quedan, además, preguntas que el preconteo no resuelve. ¿Cómo se concilia la doble nacionalidad con el artículo 43 de la Constitución, que exige a los colombianos por nacimiento ejercer la presidencia? ¿Qué pasará con la reforma pensional, la reforma a la salud y los decretos pendientes del gobierno saliente? ¿Cuál será el primer decreto del nuevo presidente?
La columna vertebral de los próximos cuatro años se escribirá en las firmas de los decretos, en los pliegos de Secop II y en los autos de la Corte Constitucional. Allí leeremos, con datos y sin metáforas, si la “Patria Milagro” es una restauración del orden republicano o una nueva forma de capturar el Estado desde adentro.