La recta final hacia la segunda vuelta presidencial registra una distancia que la encuesta de Guarumo y Ecoanalítica, publicada por El Tiempo y replicada por Publimetro, ubica en 7,6 puntos porcentuales. Abelardo De La Espriella alcanzaría 52,6 % frente a 45 % de Iván Cepeda, con un voto en blanco de 2,4 %.
El trabajo de campo se realizó de forma presencial entre el 8 y el 12 de junio, con 2.073 consultados en 54 municipios. La nota metodológica importa: se trata de un muestreo en plazas urbanas y cabeceras, no de una proyección nacional con cobertura rural profunda. Cualquier lectura de estos datos debe considerar ese marco.
En la primera vuelta, De La Espriella obtuvo 10,3 millones de votos (43,78 %) y Cepeda 9,7 millones (40,98 %), según los datos consignados por Publimetro. La diferencia fue de aproximadamente 650.000 sufragios. Si la medición de Guarumo y Ecoanalítica se confirmara el día de la elección, la distancia efectiva entre ambos candidatos sería casi tres veces mayor a la de la primera vuelta.
El movimiento de las intenciones entre vueltas también ofrece información relevante. Cepeda habría subido cerca de cuatro puntos, mientras De La Espriella habría ganado casi nueve. Ese crecimiento neto del candidato de Defensores de la Patria sugiere una transferencia de votantes que en la primera vuelta se inclinaron por otras fórmulas, probablemente desde opciones de la centro-derecha que quedaron por fuera del balotaje.
El estudio incluyó un módulo de aprobación de la gestión del presidente Gustavo Petro. La suma de calificaciones “muy buena” y “buena” alcanza 50,3 %, mientras que “mala” y “muy mala” suman 44,5 %, con 5,2 % de no respuesta. Se trata de una aprobación que, en la medición de Guarumo, se mantiene por encima del 50 % a pesar de los cuestionamientos al manejo de la política interna.
Conviene detenerse en lo que la encuesta no dice. No profundiza en la composición del voto por regiones, ni en la transferencia efectiva desde las campañas de Sergio Fajardo, Vicky Dávila o Paloma Valencia, ni en el comportamiento esperado de los abstencionistas de la primera vuelta. Tampoco aborda la disposición de voto del electorado de Rodolfo Hernández ni de los partidos tradicionales. La lectura agregada, por tanto, debe tomarse como una foto del momento y no como una anatomía completa del electorado.
A esto se suma un dato de contexto. El candidato puntero es un abogado que ha construido su visibilidad pública, en buena medida, desde el estrado judicial. Su discurso combina una crítica frontal al gobierno de Petro con propuestas de seguridad y de reforma institucional que se inscriben en la línea del orden y la mano firme. Su adversario representa al Pacto Histórico y encarna la continuidad del proyecto político que lidera el actual presidente.
La Bitácora ha sido crítica consistente del gobierno de Petro y de su uso del aparato estatal. Pero una encuesta no es un cheque en blanco. La ventaja que muestran Guarumo y Ecoanalítica refleja el estado de ánimo del electorado consultado, no un mandato anticipado. Quedan más de dos semanas de campaña, en las que pueden ocurrir debates, nuevos episodios de orden público o revelaciones que modifiquen las tendencias.
La segunda vuelta será, en cualquier caso, un plebiscito informal sobre el rumbo del país. La incógnita es si la distancia reportada se sostendrá hasta el día de la votación o si el electorado, en las urnas, decidirá estrecharla.