Las comisiones escrutadoras terminaron la revisión de las actas en las principales ciudades del país con variaciones inferiores a los 300 votos frente al preconteo. La diferencia nacional entre Abelardo De La Espriella e Iván Cepeda, cercana a los 250.000 sufragios según los datos consolidados, queda por fuera de cualquier disputa razonable sobre el conteo.
El ajuste registrado es el esperable en una elección masiva. En Barranquilla, De La Espriella perdió 12 votos y Cepeda sumó 48. En Cartagena la diferencia fue de 73 sufragios, en Montería de 86 y en Sincelejo de 90. En el área metropolitana de Bucaramanga, el formulario E-26 muestra a Cepeda pasando de 236.751 a 236.648 votos (103 menos) y a De La Espriella de 454.888 a 455.044 (156 más). Son movimientos derivados de errores humanos en la digitación y transmisión de datos, no de alteraciones estructurales del resultado.
La cifra agregada es la que importa: más de 120.000 registros electorales revisados, con variaciones que no alcanzan a mover ni un decimal del resultado nacional. El preconteo tiene carácter informativo. El escrutinio es el único resultado con efectos legales, y es el que se está consolidando ahora en la Comisión Escrutadora Nacional.
El pronunciamiento del procurador general Gregorio Eljach aporta el otro dato relevante de la jornada. Según reportó Publimetro, Eljach manifestó que hasta el momento no existen evidencias que conduzcan a una conclusión de fraude o manipulación sistemática de los resultados. Las más de 57.000 reclamaciones presentadas por la campaña de Cepeda fueron tramitadas en las etapas zonales y municipales, y solo un número reducido permanece en revisión dentro de la fase nacional. Esa es la ruta institucional correcta: cada observación se resuelve en audiencia pública, con presencia de las campañas, los organismos de control y los observadores.
Queda pendiente la sesión de la Comisión Escrutadora Nacional y la posterior proclamación oficial por parte del Consejo Nacional Electoral, que podría producirse en cuestión de horas o de días una vez se incorporen los reportes de los consulados en el exterior. A partir de ahí comienza el calendario de transición.
Tres elementos conviene subrayar desde el punto de vista institucional. Primero, el sistema funcionó como estaba diseñado: el preconteo entregó una tendencia, el escrutinio la confirmó con ajustes marginales, y los organismos de control supervisaron el proceso sin reportar anomalías graves. Segundo, la diferencia entre ambos candidatos era lo suficientemente amplia como para absorber cualquier variación razonable sin alterar el ganador. Tercero, las reclamaciones de una campaña deben agotar las instancias legales antes de cualquier cuestionamiento público al resultado, y eso es lo que ha ocurrido.
Colombia ha vivido ciclos electorales donde la distancia entre los candidatos fue tan estrecha que cada voto contado dos veces podía cambiar el resultado. Esta vez no fue así. La ventaja de De La Espriella supera los márgenes de cualquier variación documentada, lo que permite cerrar el proceso con la proclamación del nuevo presidente sin que quede espacio para dudas técnicas sobre el conteo.
El país necesita pasar la página de la campaña y entrar en la etapa de transición con la institucionalidad intacta. El escrutinio hizo su trabajo. Ahora le corresponde al Consejo Nacional Electoral cerrar el trámite y al presidente electo prepararse para asumir el 7 de agosto con un mandato claro y un electorado que espera resultados.