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La Bitácora

Opinión, ensayo y memoria política

Mercados · Análisis · 18 jun 2026

El dólar baja mientras el crudo cae por tensión con Irán

La revaluación del peso coincide con mínimos del petróleo. Colombia enfrenta un escenario de divisas baratas pero ingresos fiscales bajo presión geopolítica.

El dólar baja mientras el crudo cae por tensión con Irán — Mercados, ilustración editorial

La cotización del dólar en Colombia cerró este jueves en $19,84, consolidando una tendencia a la baja que sitúa a la divisa estadounidense en niveles no vistos desde hace cinco años. Esta revaluación del peso, que en teoría debería celebrarse como un síntoma de fortaleza macroeconómica, llega acompañada de una señal de alerta en los mercados energéticos: el precio del crudo retrocedió más de 1% en la jornada, tocando su piso más bajo desde el inicio de las hostilidades con Irán. Para un observador casual, la combinación de dólar barato y petróleo estable podría parecer una ventana de oportunidad. Para quienes analizamos la estructura de riesgo de la región andina, es un momento que exige cautela y lectura fina de las variables externas.

La paradoja de la revaluación

Es fundamental distinguir entre una apreciación cambiaria impulsada por fundamentos sólidos y una derivada de coyunturas financieras globales. Si bien la baja del dólar alivia la inflación importada y reduce el servicio de la deuda externa en pesos, también comprime los márgenes de los sectores transables no minero-energéticos. En un contexto donde la administración actual ha mostrado escepticismo hacia la inversión privada en hidrocarburos, la caída simultánea del precio del Brent y la revaluación del peso generan un doble efecto contractivo sobre los ingresos fiscales.

Según datos del Banco de la República y proyecciones del Ministerio de Hacienda, la regla fiscal colombiana depende críticamente del precio de la canasta de exportación. Cuando el crudo cae por factores geopolíticos —en este caso, la dinámica del conflicto con Irán— y el dólar se fortalece globalmente o se debilita localmente por flujos de cartera especulativos, la ecuación de sostenibilidad fiscal se deteriora. No estamos ante un boom de productividad nacional que justifique un peso fuerte; estamos ante un ajuste de precios relativos que, mal leído, podría llevar a gastar recursos que aún no se han consolidado.

Geopolítica del crudo y riesgo regional

La referencia al conflicto con Irán como marcador del precio del petróleo no es un detalle menor para Colombia. La región andina no es un espectador pasivo de la seguridad energética global. Una caída del crudo vinculada a tensiones bélicas sugiere que el mercado está descontando una posible desescalada o, peor aún, una destrucción de demanda por incertidumbre. En cualquiera de los dos casos, la volatilidad es la norma.

Desde una perspectiva atlantista y pro-mercado, la estabilidad de los suministros energéticos es un pilar de la seguridad hemisférica. Colombia, como aliado estratégico de Estados Unidos y la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte), debe entender que su rol no es solo exportar barriles, sino garantizar predictibilidad institucional. Cuando el precio del crudo se mueve por guerras en Oriente Medio, la región latinoamericana queda expuesta a choques asimétricos. Si a esto sumamos la retórica interna que desincentiva la exploración, el país pierde su seguro natural contra la volatilidad externa.

Es preocupante observar cómo, en medio de esta coyuntura, la discusión pública se centra en el precio nominal del dólar como un termómetro político, ignorando que la verdadera variable de ajuste es la confianza inversionista. Un dólar a $19,84 es una buena noticia para el consumidor urbano y para el importador de tecnología, pero si ese nivel se sostiene sobre la base de un petróleo deprimido y una política fiscal expansiva, la corrección futura será costosa.

Señales para la política económica

La lección comparada es clara. Países como Brasil o Chile han utilizado los ciclos de revaluación para acumular reservas y fortalecer fondos de estabilización, no para aumentar el gasto corriente. En Colombia, la tentación populista de usar el dólar barato para subsidiar demandas sociales es alta, especialmente en un entorno electoral. Sin embargo, la responsabilidad institucional exige separar la coyuntura financiera de la estructura productiva.

El Gobierno Nacional acierta cuando mantiene la independencia del Banco de la República y permite que el tipo de cambio flote libremente, actuando como amortiguador. Sería un error grave intentar fijar metas cambiarias artificiales o intervenir para sostener un nivel específico. Del mismo modo, la oposición y los gremios deben reconocer que la revaluación actual ofrece una ventana para importar bienes de capital y modernizar infraestructura a menor costo, siempre que exista seguridad jurídica para hacerlo.

En definitiva, el mercado nos envía señales mixtas. Celebremos la estabilidad cambiaria como un logro de la credibilidad institucional, pero no perdamos de vista que el petróleo sigue siendo el ancla de nuestra balanza de pagos. Mientras la guerra con Irán siga dictando la pauta energética global, Colombia debe blindar sus finanzas con pragmatismo, lejos de las narrativas ideológicas que pretenden desconectar la economía doméstica de la realidad geopolítica. La bitácora de riesgos indica que, hoy más que nunca, la prudencia fiscal vale más que un dólar barato.

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Columnista de La Bitácora

Andrés Felipe Torres Quintana

42 años, Bucaramanga. Economista UIS con maestría en Relaciones Internacionales del Externado. 10 años en consultoría de riesgo político.

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