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La Bitácora

Opinión, ensayo y memoria política

Mercados · Análisis · 25 may 2026

El peso se fortalece mientras Colombia enfrenta riesgos fiscales reales

La moneda local gana terreno frente al dólar en 2026, pero la incertidumbre fiscal y electoral amenazan con revertir ganancias en los próximos meses.

El peso se fortalece mientras Colombia enfrenta riesgos fiscales reales — Mercados, ilustración editorial

La apreciación del peso colombiano frente al dólar es un fenómeno que requiere lectura cuidadosa. No es simplemente buena noticia para los importadores o los viajeros. En el contexto actual de Colombia, refleja dinámicas globales, decisiones de política monetaria doméstica y, sobre todo, riesgos que el mercado aún no ha precificado completamente.

A cierre de mayo de 2026, el dólar se cotizaba alrededor de 3.655 pesos en promedio, una caída de 0,77% respecto al día anterior. En la última semana, la divisa estadounidense había perdido 3,63% de su valor frente a la moneda local. Proyecciones de Bancolombia sugieren que el dólar promediará 3.878 pesos durante 2026, lo que implica una continuidad de la presión a la baja sobre la cotización.

El dólar débil como factor estructural

La debilidad global del dólar es el primer actor en esta historia. El índice DXY (que mide la fortaleza de la moneda estadounidense frente a una canasta de divisas) cayó 9% durante 2025, según reportes de Bancolombia. Esto no es accidental: refleja la volatilidad en la política comercial de Estados Unidos, cambios en expectativas de tasas de interés y reposicionamientos de portafolios globales.

Para Colombia, esto tiene implicaciones mixtas. Un dólar débil abarata las importaciones de bienes estadounidenses y reduce el costo de servicio de deuda externa denominada en dólares. Pero también golpea los ingresos en divisas de sectores clave: petróleo, carbón y café dependen de precios internacionales cotizados en dólares. Cuando la moneda estadounidense pierde valor, los productores locales reciben menos pesos por barril o tonelada, independientemente del precio nominal.

Las remesas y el carry trade

Dos factores adicionales sostienen la apreciación del peso. Primero, el flujo sostenido de remesas desde Estados Unidos y otros destinos de migración colombiana. Según datos del Banco de la República, las remesas representan aproximadamente el 3% del PIB nacional y han mostrado resiliencia incluso en ciclos económicos débiles. Este dinero entra en pesos, presionando la oferta de divisas hacia arriba.

Segundo, el diferencial de tasas de interés. El Banco de la República mantiene su tasa de política monetaria en 9,25%, mientras que la Reserva Federal de Estados Unidos redujo su rango a 3,50%-3,75%. Este diferencial de casi 550 puntos básicos crea incentivos para estrategias de carry trade: inversores toman crédito barato en dólares y lo invierten en activos colombianos de mayor rendimiento. Eso también presiona al alza el precio del peso.

El riesgo fiscal que el mercado vigila

Aquí está el punto crítico. La proyección de Bancolombia de un dólar a 3.878 pesos asume un escenario de “debilidad global de la divisa estadounidense” y “flujo sostenido de remesas”. Pero el mismo informe advierte sobre riesgos que podrían revertir estas ganancias.

El primero es la incertidumbre fiscal. Colombia enfrentó un recorte en su calificación soberana de crédito en 2025 y 2026, reflejo de déficits fiscales persistentes, presiones sobre ingresos tributarios y debates sobre la sostenibilidad de la política de gasto público. Cuando agencias de calificación rebajan a un país, los inversionistas extranjeros exigen mayor prima de riesgo. Eso se traduce en salidas de capital y presión depreciatoria sobre la moneda.

El segundo riesgo es electoral. 2026 es año de elecciones legislativas en Colombia, con incertidumbre sobre la dirección de política económica, reformas tributarias y gasto social. Mercados electorales generan volatilidad cambiaria porque los inversionistas no saben qué coalición gobernará ni qué prioridades tendrá.

Volatilidad contenida, pero frágil

La volatilidad del tipo de cambio se sitúa en 12,61%, ligeramente por debajo de su referencia histórica de 12,94%. Esto sugiere cierta estabilidad relativa. Pero esa calma es engañosa. El mercado cambiario colombiano es sensible a movimientos rápidos de expectativas. Un anuncio sobre reforma tributaria, un deterioro adicional en las finanzas públicas o una escalada en tensiones comerciales globales podría generar salidas de capital y depreciación acelerada del peso.

Implicaciones para empresas y trabajadores

Para el sector exportador no minero-energético, la apreciación del peso es un viento en contra. Empresas de manufactura, agroindustria y servicios que compiten en mercados internacionales ven erosionada su competitividad de precio. Un peso más fuerte hace más caros los productos colombianos en dólares.

Para trabajadores que reciben remesas, es beneficio directo: cada dólar trae más pesos. Para importadores de bienes de consumo, también hay ganancia. Pero para el Gobierno, la apreciación reduce ingresos tributarios en un contexto donde ya hay presión fiscal.

Mirada regional

En la región andina, el comportamiento del peso contrasta con dinámicas en Perú y Chile, donde el dólar ha mostrado mayor fortaleza. Esto refleja diferencias en ciclos de política monetaria, confianza de inversionistas y perspectivas de crecimiento. Colombia se beneficia de remesas más robustas que sus vecinos, lo que explica parte de la divergencia.

La pregunta que debe hacerse es si esta apreciación es sostenible o si es una ventana temporal antes de que riesgos fiscales y electorales se materialicen. Las proyecciones de Bancolombia asumen estabilidad relativa. Pero en mercados emergentes, la estabilidad es siempre condicional.

El peso fuerte es bienvenida para importadores. Pero para una economía que depende de divisas de exportaciones y que enfrenta déficits fiscales, es una señal de alerta disfrazada de buena noticia.

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Columnista de La Bitácora

Andrés Felipe Torres Quintana

42 años, Bucaramanga. Economista UIS con maestría en Relaciones Internacionales del Externado. 10 años en consultoría de riesgo político.

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