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La Bitácora

Opinión, ensayo y memoria política

Judicial · Análisis · 10 jun 2026

La captura del sicario no cierra el caso Herrera

Tres detenidos por el homicidio del periodista en Cúcuta, pero el autor intelectual sigue sin ser identificado.

La captura del sicario no cierra el caso Herrera — Judicial, ilustración editorial

El asesinato del periodista judicial Cristian Hernando Herrera Nariño, perpetrado el 6 de junio de 2026 en el barrio Quinta Oriental de Cúcuta, sacudió a Norte de Santander por la trayectoria de la víctima y por lo que el expediente insinúa sobre el origen criminal del hecho. Cuatro días después, según reportó Infobae Colombia, la Fiscalía General de la Nación confirmó la captura de Jhon Sebastián Duque Andrade, alias Demonio, señalado como el presunto sicario, junto con dos personas identificadas como Wilmer y Angélica. La misma fuente, que cita una persona vinculada a la investigación, indicó que Wilmer —de oficio taxista— habría suministrado el arma de fuego, y que Angélica habría actuado como campanera el día del atentado.

Los tres serán presentados ante un juez penal con funciones de control de garantías por una fiscal de la Seccional Norte de Santander, donde se les imputarán los delitos de homicidio agravado y fabricación, tráfico, porte o tenencia de armas de fuego, accesorios, partes y municiones. De acuerdo con Infobae Colombia, las capturas se materializaron en un operativo conjunto del Gaula Militar y la Policía, cuando el principal señalado intentaba abandonar Cúcuta por el Terminal de Transportes del barrio Pueblo Nuevo.

Capturar al sicario y a sus dos presuntos colaboradores es apenas un primer tramo procesal. La pregunta que mantiene abierta la pesquisa, según la misma cobertura periodística, es quién impartió la orden. Infobae Colombia reportó que la hipótesis de una posible relación entre el asesinato y la labor informativa de Herrera —quien cubría corrupción, orden público, narcotráfico y crimen organizado y había denunciado amenazas previas— continúa bajo análisis de las autoridades.

En ese punto aparece el nombre de Ever Carreño Corredor, conocido como alias Porras o el Viejo, a quien la Fiscalía señala como máximo jefe de la organización La Familia P, privado de la libertad desde 2016 en la cárcel La Picota de Bogotá. El ente acusador le imputó en abril de 2026 su presunta responsabilidad como determinador de una red a la que se le atribuyen 178 homicidios cometidos entre 2024 y 2025 en Cúcuta, por los delitos de concierto para delinquir agravado, homicidio agravado, tentativa de homicidio, utilización de menores para la comisión de delitos, porte ilegal de armas, fabricación de municiones de uso privativo de las Fuerzas Armadas y hurto. No aceptó cargos. Según Infobae Colombia y un informe de El Tiempo citado en esa cobertura, organismos de inteligencia sostienen que Carreño Corredor impartiría instrucciones desde prisión para la comisión de delitos —especialmente microtráfico en las comunas 6, 7 y 8 de la capital nortesantandereana— e incluso promovería el uso de menores de edad a través de aplicaciones de mensajería instantánea.

El expediente pone sobre la mesa un problema estructural que el sistema penitenciario colombiano arrastra desde hace décadas: la operación de organizaciones criminales desde el interior de los centros de reclusión. Si la Fiscalía acredita en sede judicial que alias Porras dirigió una estructura responsable de al menos 178 homicidios en dos años pese a estar recluido, la consecuencia institucional no puede limitarse a un nuevo proceso penal. Esa cifra obliga a revisar el régimen de control, las comunicaciones y los mecanismos de inteligencia al interior de los establecimientos carcelarios, y a evaluar con seriedad si las medidas de aseguramiento en contextos como el de La Picota están funcionando como instrumento de neutralización o como oficina de mando.

La Fundación para la Libertad de Prensa (Flip) y otros organismos defensores de la libertad de prensa, citados por Infobae, reclamaron el esclarecimiento completo de los hechos y la judicialización de los determinadores intelectuales. Con cerca de 25 años de ejercicio periodístico en Cúcuta, Herrera se movía en un terreno de riesgo documentado: la trastienda de la contratación pública, el narcotráfico y el crimen organizado en una ciudad fronteriza.

¿Qué impide, en concreto, que las cárceles colombianas dejen de operar como terminales de mando criminal? El asesinato de un periodista judicial no se reduce a un homicidio agravado en un expediente: es un golpe directo a la función de control que el periodismo cumple en una democracia. La captura de alias Demonio y de sus dos presuntos colaboradores es un avance procesal, pero la responsabilidad del Estado con la verdad y con la protección de quienes informan apenas comienza. Sin autor intelectual identificado y condenado, y sin reformas efectivas al control carcelario, el mensaje que queda es preocupante para el ejercicio del periodismo en regiones como Cúcuta.

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Columnista de La Bitácora

Catalina Restrepo Mejía

38 años, Medellín. Egresada de Ciencia Política de EAFIT con maestría en Periodismo de los Andes. 15 años cubriendo contratación pública y política regional.

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