Edición N.º 2721 Sábado, 13 de junio de 2026 · Bogotá
· · Iniciar sesión Suscribirse
La Bitácora

Opinión, ensayo y memoria política

Judicial · Análisis · 10 jun 2026

Tres capturas por el crimen del periodista Cristian Herrera no resuelven la deuda con la

La detención del presunto sicario y dos cómplices cierra un capítulo, pero deja abiertas las preguntas sobre protección y redes criminales en Norte de Santander.

Tres capturas por el crimen del periodista Cristian Herrera no resuelven la deuda con la — Judicial, ilustración editorial

El asesinato del periodista Cristian Herrera, ocurrido el 6 de junio en el barrio Quinta Oriental de Cúcuta, pasó en cuatro días de la noticia criminal a la captura de tres personas señaladas como presuntas responsables. Según reportó Cambio, la Policía Metropolitana de Cúcuta, la Sijín y el CTI de la Fiscalía detuvieron el 9 de junio a tres individuos: un hombre identificado con el alias de Demonio, señalado como presunto sicario y presunto integrante de la banda Familia P, junto con dos personas conocidas como alias Wilmer y Angélica, a quienes la investigación atribuye funciones de apoyo logístico y transporte. El presidente Gustavo Petro escribió en su cuenta en X que los capturados “pretendían salir del país”.

La operación policial se apoyó en la revisión de más de 400 horas de grabaciones de cámaras de seguridad, un volumen de material que da cuenta tanto de la magnitud del operativo como de la planificación que las autoridades atribuyen a los investigados. El hecho de que la captura se haya producido cuando los sospechosos, según el Ejecutivo, intentaban abandonar el territorio colombiano introduce un elemento temporal que la Fiscalía deberá acreditar formalmente en la imputación de cargos.

Herrera era periodista judicial y, según Cambio, había cubierto durante más de una década temas de corrupción, seguridad y crimen organizado en Norte de Santander. Había denunciado amenazas de grupos armados ilegales y trabajaba de cerca con la Fundación para la Libertad de Prensa, entidad de la que integraba su Junta Directiva en ese departamento. La Defensoría del Pueblo rechazó el crimen y lo calificó como un “grave ataque contra la libertad de prensa”.

Las capturas son un avance. Pero conviene no confundir la velocidad operativa con el resultado final del proceso. Colombia acumula una lista documentada de asesinatos de periodistas en los que la captura inicial del autor material no derivó en condenas, ni en el esclarecimiento de las cadenas de mando que ordenan estos crímenes. El expediente que se abre deberá responder al menos tres preguntas: cuál era la relación de los detenidos con la banda Familia P; si el crimen respondió a una retaliación directa contra la línea informativa de Herrera o a una dinámica de control territorial del microtráfico en Quinta Oriental; y quiénes financiaron y planificaron la operación. Sin esos puntos, la justicia llega a los autores materiales y se detiene.

El contexto regional tampoco puede quedar fuera del análisis. Norte de Santander registra presencia del ELN, disidencias de las FARC y estructuras paramilitares reconfiguradas, además de bandas locales dedicadas al narcomenudeo y la extorsión. En ese entorno, el periodismo judicial opera en una zona donde la información sobre corrupción y crimen organizado tiene precio. La FLIP ha documentado de forma reiterada la desprotección de los comunicadores en zonas de frontera.

Hay, además, una discusión institucional pendiente. El esquema de protección a periodistas del Ministerio del Interior ha sido objeto de observaciones por parte de la propia FLIP y de la Defensoría por su lentitud en la evaluación de riesgos y en la activación de medidas. El caso de Herrera, con antecedentes documentados de amenazas durante más de una década, obliga a revisar si los protocolos existentes operaron o si fallaron. Si no se hace ese ejercicio, las capturas de esta semana no impedirán el próximo asesinato.

La Fiscalía y la Judicatura tienen ahora la responsabilidad de sustentar cada imputación con prueba documental, pericial y testimonial, y de evitar que el proceso se degrade en una judicialización exprés sin追究 por las líneas de mando. La prensa colombiana, y en particular la prensa regional que cubre zonas de frontera, necesita algo más que comunicados de captura: necesita condenas, patrones de esclarecimiento y una política de protección que funcione antes de que el siguiente periodista sea bajado de una camioneta a mediodía.

Espacio publicitario 728 × 120
Columnista de La Bitácora

Catalina Restrepo Mejía

38 años, Medellín. Egresada de Ciencia Política de EAFIT con maestría en Periodismo de los Andes. 15 años cubriendo contratación pública y política regional.

Ver todas sus columnas

La conversación

Para participar en la conversación necesitás registrarte como lector. Sin contraseñas — un enlace al correo y entrás.

Registrarme para comentar

Sé el primero en comentar.