A una semana de la segunda vuelta del 21 de junio, la encuesta final del Centro Nacional de Consultoría para CAMBIO, publicada el 14 de junio, muestra un cuadro que ya no admite la lectura de empate técnico que predominaba antes de la primera vuelta. Según reportó CAMBIO, Abelardo de la Espriella registra el 48,6% de la intención de voto, Iván Cepeda el 44,7% y el voto en blanco el 6,7%. La diferencia de 3,9 puntos supera el margen de error y, como señaló el reportaje, equivaldría a cerca de un millón de sufragios: unos 143.000 diarios, o 6.000 por hora, para revertirla.
La serie del CNC a lo largo del año permite dimensionar el giro. Como recordó CAMBIO, en enero Cepeda marcaba 28,2% y De la Espriella 15,5%. En marzo, el senador llegó a 35,4% y aventajaba al abogado por 25 puntos en los escenarios de balotaje (55 contra 29,7). El repunte de Paloma Valencia reordenó la competencia —el 22 de marzo la senadora pasó a De la Espriella (22,2 contra 15,4) y llegó a empatar con Cepeda en el hipotético duelo—, pero en mayo el abogado retomó la tendencia: 20,4 el 3 de mayo, 30,9 el 23, hasta sellar el resultado de la primera vuelta. La medición previa a esa primera vuelta, también publicada por CAMBIO, registraba un empate técnico; la de hoy ya no autoriza esa lectura.
La encuesta expone con claridad la brecha entre la base del petrismo y su candidato. Según CAMBIO, la imagen favorable del presidente Gustavo Petro se ubica en 51,8%, seis puntos por encima de la intención de voto de Cepeda. El reportaje describe el fenómeno como un “petrismo anticepeda”: seguidores del presidente que no se trasladarían al candidato del Pacto Histórico. La aritmética que plantea la nota es estrecha. Los votos que Cepeda necesita para revertir la diferencia solo pueden salir del voto en blanco (6,7%), de los exelectores de Paloma Valencia (6,92%) y de los de Sergio Fajardo (4,26%), según los datos consignados por CAMBIO.
¿Qué hizo distinto al otro equipo? La nota de CAMBIO identifica cuatro movimientos que la encuesta final parece validar. Primero, la apropiación del eje de seguridad y fuerza pública, con el eslogan “firmes por la patria”. Segundo, el concepto “Patria Milagro” como vehículo hacia el electorado religioso, pese a las observaciones del propio reportaje sobre la trayectoria religiosa del candidato. Tercero, la disputa con Juan Daniel Oviedo para posicionarse como defensor del modelo de familia tradicional frente a la lectura que la campaña atribuyó a Paloma Valencia. Cuarto, la decisión de blindar la fórmula con José Manuel Restrepo, a quien CAMBIO describe como un hombre de Estado con experiencia ejecutiva y sin los cuestionamientos que pesan sobre el candidato principal.
Un dato adicional que consigna el reportaje: la denuncia penal que Cepeda presentó ante la Fiscalía y la Corte Penal Internacional contra De la Espriella —publicada por CAMBIO en una nota aparte por presuntos nexos con paramilitares— no se tradujo en caída en la intención de voto del abogado. El texto describe un “efecto teflón” que, de confirmarse en las urnas, será materia de análisis para cualquier consultora.
Quedan tres variables abiertas que la encuesta no resuelve. La primera es la participación: en una elección tan polarizada, indecisos y voto en blanco pesan más que en un duelo convencional. La segunda es la lectura que haga el electorado moderado de los señalamientos judiciales cruzados en los últimos días. La tercera es la capacidad de Cepeda para movilizar, en siete días, a un segmento con el que no construyó relación durante cinco meses de campaña. Como planteó CAMBIO al citar la conversión de la diferencia en votos diarios, la magnitud del esfuerzo se mide en términos operativos, no retóricos.
Por ahora, lo que muestra la encuesta del CNC es un candidato con base consolidada, fórmula técnica y discurso de seguridad y religión, frente a un candidato del oficialismo que conserva el favor del presidente pero no lo transfirió a su nombre, y que llega a la recta final sin haber tendido puentes con el centro. La segunda vuelta del 21 de junio se perfila, según los números, como una decisión entre dos estrategias de campaña: la que apostó por profundizar la base propia y la que intentó —y no alcanzó— a construir desde el primer día.