El 2 de julio de 2026, el presidente Gustavo Petro fue recibido en audiencia en el Palacio Apostólico por el papa León XIV, en lo que sería su último encuentro pontificio antes de entregar el poder el 7 de agosto, según reportó Infobae Colombia. De acuerdo con el comunicado de la Oficina de Prensa de la Santa Sede citado por ese mismo medio, la reunión inicial se extendió después con el jefe de la diplomacia vaticana y con el responsable de los vínculos multilaterales con los Estados.
El contenido, siempre según la versión vaticana, giró en torno a tres ejes: la “situación sociopolítica” de Colombia y la región, las “repercusiones de los conflictos” y la “delincuencia organizada internacional”, y el cambio climático. La Santa Sede expresó, según Infobae, “satisfacción por las buenas relaciones” bilaterales y mencionó, en términos generales, la cooperación entre la Iglesia y el Estado en favor de la paz, la reconciliación y la unidad nacional.
El comunicado no registra avances concretos, compromisos firmados, montos de cooperación ni cronogramas. Tampoco precisa qué entiende la Santa Sede por “delincuencia organizada internacional” aplicada al caso colombiano ni qué papel específico se acordó para Colombia en la conversación regional. La falta de precisiones contrasta con el tono enfático del pronunciamiento de la Presidencia recogido por Infobae, que calificó la visita como parte del esfuerzo por “consolidar la presencia de Colombia en escenarios internacionales”.
Como reportó Infobae, esta fue la segunda audiencia entre Petro y León XIV. La primera ocurrió el 19 de mayo de 2025, un día después de la entronización del pontífice en la Plaza de San Pedro. En esa oportunidad, según la misma fuente, Petro entregó al papa una carta en la que lo invitó formalmente a visitar Colombia con motivo de los 190 años de relaciones diplomáticas entre el país y la Santa Sede. El texto, también reproducido por Infobae, enmarcó la invitación en la política de Paz Total y citó el llamado de Francisco a la “hermandad” mundial.
Catorce meses después, la invitación sigue sin confirmación pública. La administración saliente deja entonces una misiva sin respuesta, dos audiencias protocolarias y un marco discursivo de reconciliación que el gobierno entrante de Abelardo de la Espriella deberá evaluar si conserva, ajusta o descarta.
Quedan al menos tres interrogantes que el Ejecutivo no despejó en Roma. Primero, ¿qué diferencia concreta tuvo este encuentro bilateral con el de 2025, más allá del formato ceremonial? Segundo, ¿existe algún compromiso firme de visita papal a Colombia, o se trata de una invitación que caducará con el cambio de gobierno? Tercero, ¿qué se discutió específicamente sobre “delincuencia organizada internacional”, un concepto que en la región suele usarse como sinónimo de narcotráfico, grupos armados y migración irregular?
La Cancillería, a cargo de Laura Sarabia —quien estuvo presente en la visita de 2025, según Infobae—, tendría que responder esos puntos antes del 7 de agosto. La política exterior es de las pocas áreas donde la continuidad entre administraciones suele ser mayor que el cambio, y la relación con la Santa Sede no debería ser la excepción.
Por lo pronto, la administración Petro cierra su ciclo con un gesto simbólico de diplomacia religiosa. La verificación de si ese gesto produjo algo más que una foto queda, otra vez, en manos del próximo gobierno.