El procurador general de la Nación, Gregorio Eljach, cerró la jornada electoral de primera vuelta presidencial con un balance institucional contundente: no hubo fraude, no hubo violencia que comprometiera el proceso, y la democracia colombiana “se ha fortalecido”. Sus palabras buscaban enviar un mensaje de confianza al país y al exterior.
Sin embargo, esa declaración llega en medio de una tensión evidente. El presidente Gustavo Petro y el candidato del Pacto Histórico, Iván Cepeda, habían sembrado dudas sobre resultados “irregulares” en las urnas. Eljach respondió de frente: “Derrotamos por segunda vez este año el fantasma del fraude electoral”. La Procuraduría, dijo, vigiló el proceso junto con la Contraloría y la Registraduría, y todo transcurrió “libre, transparente, seguro, oportuno y a conciencia”.
El procurador también lanzó una advertencia dirigida a los servidores públicos de cara a la segunda vuelta del 21 de junio. Los está observando, dijo, y será “implacable” contra cualquier funcionario que intervenga indebidamente en política. Esa frase resuena particular porque apenas días atrás Eljach había generado cuestionamientos al argumentar que los tuits del presidente desde su cuenta privada no son objeto de disciplina, mientras que el Consejo de Estado ordenó vigilancia sobre propaganda presidencial a favor o en contra de candidatos. La tensión entre esas dos posiciones es visible en sus propias palabras.
Lo que importa: la declaración del procurador es institucional y tranquilizadora, pero no cierra el debate. Petro y Cepeda no han retractado sus denuncias de irregularidades. Si esas denuncias persisten sin pruebas públicas en los próximos días, o si resurgen en redes con ecos de fraude, veremos si la Procuraduría mantiene su línea de vigilancia con la misma dureza que promete para los funcionarios.