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La Bitácora

Opinión, ensayo y memoria política

Deportes · Análisis · 20 jun 2026

¿Qué enseña el Mundial sobre la eficacia sin posesión?

Paraguay y Marruecos ganaron con 22% y 0% de posesión. La estadística, a veces, miente menos de lo que creemos.

¿Qué enseña el Mundial sobre la eficacia sin posesión? — Deportes, ilustración editorial

¿Cuándo dejó el fútbol de ser una metáfora confiable de la política? Hace décadas, tal vez. Pero el viernes, en los grupos C y D del Mundial 2026, se dibujó una lección que resiste la traducción fácil: a veces, quien menos tiene es quien más sabe qué hacer con ello.

Estados Unidos, sin Christian Pulisic, venció a Australia 2-0 y se convirtió en el segundo clasificado a dieciseisavos, tras México. El equipo de Mauricio Pochettino administró el partido con la serenidad de quien entiende que los torneos largos premian la economía de energías, no el despliegue teatral. Un autogol tempranero de Cameron Burgess y un cabezazo de Alex Freeman bastaron. Seis puntos, pase asegurado, y una última fecha ante Turquía para definir el liderato. Nada de lo que ocurrió en el campo contradice la tesis de que el fútbol moderno, como las instituciones republicanas, funciona mejor cuando se construye desde la contención que desde el arrebatamiento.

Pero el verdadero interrogante de la jornada llegó desde otros escenarios. Marruecos derrotó a Escocia 1-0 con un gol de Saibari al minuto 2, producto de una asistencia de Brahim Díaz. El conjunto africano, que había empatado con Brasil en su debut, se instaló segundo del Grupo C. Más allá del resultado, lo notable fue el contraste de estilos: Escocia intentó, Marruecos resolvió. La eficacia como virtud cardinal, no como recurso de quien no tiene otra opción.

Brasil, por su parte, cumplió ante Haití: 3-0 con dos goles de Matheus Cunha y uno de Vinícius. Carlo Ancelotti, ese pragmático italiano que ha ganado de todo sin apegarse a escuelas nacionales, le quitó presión a una Canarinha que, según los crónicos, esperaba una diferencia más amplia. La expectativa, como siempre, es el peor enemigo del juicio. Brasil lidera el grupo, pero la sensación de que algo no termina de encajar persiste. Tocqueville escribió sobre la democracia estadounidense que el éxito continuo genera una ansiedad peculiar, la de quien teme que la próxima sea la caída. El fútbol brasileño, en su historia reciente, conoce bien esa paradoja.

Y entonces llegó el caso Paraguay. Victoria 1-0 sobre Turquía, gol de Matías Galarza a los dos minutos, y después un ejercicio de resistencia que Hannah Arendt, si le hubiera interesado el balompié, habría reconocido como política del puro aguante. Turquía terminó con 78% de posesión, 32 remates, cinco al arco. Paraguay, con 22% y una expulsión de Miguel Almirón —histórica, por cierto, por taparse la boca al dirigirse a un rival, una norma nueva de este Mundial que ya genera debate—, se llevó los tres puntos. Turquía, eliminada. Haití, también fuera.

La posesión, esa estadística que durante años se tomó como sinónimo de superioridad, quedó expuesta como lo que a menudo es: una medida de lo que se hace con el balón, no de lo que se logra con él. Karl Popper, en su defensa de la sociedad abierta, insistía en que lo importante no es quién posee la verdad sino quién puede someterla a refutación. En el fútbol, análogamente, lo decisivo no es quién posee el balón sino quién puede convertir esa tenencia en consecuencias verificables: goles, puntos, clasificación.

No es una apología del antifútbol. Paraguay no se limitó a defender; definió el partido en dos minutos y después ejecutó un plan con disciplina. Marruecos hizo lo propio, aunque con más equilibrio entre bloques. La diferencia entre el cinismo y la inteligencia táctica está en la intención con la que se juega, no en la forma en que se muestran los números. Y en ambos casos, la intención fue ganar, no simplemente no perder.

¿Qué queda, entonces, de esta jornada? Que el fútbol mundialista, como la política institucional, premia a quienes entienden que los procesos largos exigen criterios de selección. No todo lo que se mide importa, ni todo lo que importa se mide con facilidad. Estados Unidos avanza sin estridencias; Brasil, con ellas, genera dudas. Paraguay y Marruecos, desde la periferia estadística, reclaman su lugar en la tabla. Y Turquía, con setenta y ocho de cada cien minutos controlando un balón que nunca supo adónde llevar, se va a casa.

La pregunta que queda flotando es si esta tendencia se sostendrá en la fase de eliminación directa, donde un error no se compensa con el empate. O si, por el contrario, la posesión recuperará su prestigio cuando el margen de error se reduzca a cero. El torneo, como siempre, será más sabio que sus interpretes.

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Columnista de La Bitácora

Mauricio Vélez Camargo

54 años, Bogotá. Derecho Universidad Nacional, filosofía política en la Javeriana, máster Complutense de Madrid. 15 años en medios colombianos y europeos.

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