A tres días de la posesión de Abelardo de la Espriella en Cali, programada para el 7 de agosto, la pregunta que circula en los pasillos políticos no es jurídica ni protocolar: es si Álvaro Uribe Vélez estará o no en la Arena USC Carlos Andrés Pérez Galindo. El expresidente confirmó que recibió la invitación, agradeció el gesto y descartó que tenga “prevención política” frente al nuevo gobierno. También dijo, en diálogo con Semana y Caracol Radio, que su “situación personal y judicial no es fácil” y que todavía evalúa si viajará al Valle del Cauca.
Lo que está sobre la mesa es, entonces, una decisión personal con sobredosis de lectura política. Y conviene separar las dos cosas.
Primero, los hechos verificables. El Senado y la Cámara de Representantes aprobaron el traslado temporal de la sesión conjunta del Congreso a Cali, lo que convierte a la capital vallecaucana en sede excepcional de la ceremonia de inicio del periodo 2026-2030. Será, según lo reportado, la primera vez que una posesión presidencial se realiza fuera de Bogotá. Ese dato logístico no es menor: implica un despliegue institucional, de seguridad y de protocolo distinto al habitual, y pone a la Universidad Santiago de Cali en el centro de la jornada.
Segundo, la posición de Uribe. El exmandatario fue enfático en dos puntos: no tiene reparos políticos con De la Espriella y agradece la invitación. La frase que más se ha repetido —“mi situación no es fácil”— la pronunció él mismo y la dirigió a sus “queridos amigos” de Caracol Radio. No es una queja contra el gobierno entrante ni un reproche a la ceremonia. Es, en sus propias palabras, una referencia a sus circunstancias personales y judiciales, sobre las cuales existen procesos abiertos que este columnista no detallará porque no son objeto de esta nota.
Tercero, el contexto partidista. El Centro Democrático respaldó a De la Espriella en segunda vuelta, pero en las últimas semanas se han reportado diferencias entre ese partido y el círculo cercano del presidente electo por el liderazgo de la derecha y la conformación de mayorías en el Congreso. Esa tensión existe y es pública. Lo que no existe, hasta ahora, es una declaración de Uribe que la traduzca en un gesto de ruptura. Atribuirle un distanciamiento exigiría una frase, un comunicado o una fuente adicional que, según la cobertura disponible, no aparece.
De ahí la prudencia que el propio Uribe pidió. Una ausencia en Cali sería leída inevitablemente como un mensaje político, tanto por sus bases como por sus adversarios. Pero una inasistencia no comunicada como decisión política sigue siendo, en el papel, una decisión personal. La diferencia importa. Confundir las dos cosas empuja al análisis a un terreno donde las conjeturas reemplazan a los hechos, y eso es justamente lo que un columnismo riguroso debe evitar.
Quedan, por lo pronto, tres certezas y una incógnita. Las certezas: la posesión será en Cali, el Congreso aprobó el traslado y Uribe no ha confirmado su ausencia. La incógnita: si el exmandatario estará el viernes en la Arena USC. Hasta que él mismo lo diga —o lo desmienta— con un sí o un no explícitos, cualquier lectura adicional excede lo que sus propias declaraciones autorizan.
En política, los silencios pesan. Pero también pesan las palabras, y Uribe eligió hablar. Lo que dijo fue que no tiene prevención política y que su situación personal no es fácil. Quien quiera leer otra cosa, que aporte la evidencia. Quien prefiera atenerse a lo dicho, también puede hacerlo. La diferencia entre una y otra postura es, en buena medida, la diferencia entre el periodismo y el rumor.