El código fuente electoral debe ser estatal, auditable y desarrollado por orden judicial; la registraduría carece de transparencia.
La demanda de auditoría y transparencia del código electoral es legítima; sin embargo, como señala Catalina Restrepo en "Elecciones sin garantías de orden público", la confianza institucional requiere más que acceso técnico: exige que la registraduría cumpla órdenes judiciales y que el Estado garantice condiciones de seguridad electoral. La vulnerabilidad no está solo en el software, sino en instituciones que no responden a controles.