El presidente electo Abelardo De La Espriella anunció el 1 de agosto, durante un retiro espiritual en Puerto Colombia (Atlántico), la designación de quien encabezará el Banco Agrario de Colombia a partir del 7 de agosto. Según reportó Publimetro, la escogida es una profesional con más de dos décadas en el sistema financiero y dieciséis en cargos directivos, cuya trayectoria incluye pasos por la gerencia de Banco Colpatria y por la Gerencia Regional de Banco Finandina en Neiva. Hasta ahora no se han expedido los actos administrativos que formalicen el nombramiento, y el puesto lo venía ocupando Hernando Chica Zuccardi.
El Banco Agrario no es una entidad cualquiera en la arquitectura estatal. Administra la red de oficinas con mayor presencia en municipios donde la banca privada no opera, canaliza buena parte del crédito agropecuario y ejecuta líneas de redescuento con Findeter y Finagro. Cambiar su presidencia es una decisión con efectos directos sobre la política agraria, sobre la cartera de pequeños productores y sobre la inclusión financiera rural. Esa naturaleza obliga a un escrutinio más exigente que el de otras posiciones del gabinete.
La hoja de vida tiene, sin embargo, un capítulo que el equipo de transición debería explicar con detalle. Según la misma fuente, la designada fue representante a la Cámara por el Huila en el periodo 2014-2018, en reemplazo de su hijo, quien había obtenido la curul. El Consejo de Estado declaró la nulidad de esa elección y posteriormente negó una solicitud de aclaración dentro del mismo proceso, como lo consignó Publimetro. La providencia está firme, y la ciudadanía tiene derecho a conocer qué argumentos la sustentaron, qué interpretación hace de ella el nuevo gobierno y por qué ese expediente no representa un obstáculo para el cargo que se pretende conferir.
A lo anterior se suman las reacciones políticas régionales que el anuncio suscitó. El exrepresentante Jaime Felipe Lozada y el abogado Germán Calderón España celebraron públicamente la designación, y este último difundió una fotografía desde el retiro espiritual, lo que sugiere cercanía con el núcleo que está armando el gabinete. En política, las lealtades territoriales no son intrínsecamente negativas. La pregunta, en este caso, es si esta designación responde a un perfil técnico o a una cuota regional, y si el gobierno entrante está dispuesto a transparentar los criterios que la sustentaron.
Un segundo frente de discusión es operativo. El Banco Agrario administra líneas de crédito blando, garantías para pequeños productores y, en periodos recientes, ha sido vehículo de programas de alivio a la cartera agropecuaria. Cambiar de presidente implica revisar el rumbo de la entidad, las prioridades de colocación, la política de cartera y la relación con los gremios. Un banco de esta naturaleza no puede quedar en interinidad prolongada, ni puede convertirse en un premio de consolación política.
Por eso, la transición le debe al país rural tres entregables mínimos. Primero, la publicación completa de la hoja de vida y de los soportes de idoneidad. Segundo, los conceptos técnicos, si existen, que avalaron la postulación. Tercero, una lectura pública y documentada de la decisión del Consejo de Estado y de las razones por las que, a juicio del nuevo gobierno, no impiden el ejercicio del cargo. La Bitácora no pone en duda la capacidad profesional acreditada en la trayectoria bancaria de la funcionaria, pero una designación de esta naturaleza debe superar el estándar de la foto y la felicitación en redes sociales. Esa es la rendición de cuentas mínima que el país rural puede exigir.