La Tricolor femenina está en la recta final de la Liga de Naciones de la Conmebol con un panorama que pocas selecciones logran: depende de sí misma para clasificar al Mundial. Con 14 puntos, empatada en la cima con Argentina, Colombia ocupa un puesto de clasificación directa a Brasil 2027, pero todavía no ha sellado matemáticamente su presencia.
El equipo dirigido por Ángelo Marsiglia llega invicto a las dos fechas decisivas de junio. Después de seis presentaciones con cuatro victorias y dos empates (11 goles a favor, cuatro en contra), la tarea es clara: ganar ante Uruguay el 5 de junio y luego frente a Paraguay el 9. Una victoria en Montevideo ampliaría la brecha con perseguidores como Venezuela (11 puntos) y Chile (10 puntos), y podría dejar virtualmente resuelta la clasificación antes de la última jornada.
Lo interesante aquí es que Colombia no necesita ser perfecta. Un empate ante Uruguay, dependiendo de otros resultados, podría acercar bastante la clasificación. Pero confiar en eso sería arriesgado. La verdadera amenaza no son los rivales directos, sino la posibilidad de que Venezuela o Chile aprovechen sus partidos pendientes para meterse en los puestos de clasificación directa. Por eso la estrategia debe ser simple: sumar en ambos compromisos y no dejar cabos sueltos.
Esta generación de jugadoras —Linda Caicedo, Mayra Ramírez (que regresó recientemente de lesión), Luisa Agudelo, Daniela Montoya— ha consolidado a Colombia como potencia emergente en el fútbol femenino sudamericano. Una clasificación al Mundial sería el reconocimiento tangible a ese proceso. No es solo un boleto a Brasil; es la confirmación de que el crecimiento del fútbol femenino nacional es real y sostenido.
Los partidos se transmitirán por Gol Caracol en Colombia. La ventana es pequeña, pero la oportunidad es clara.