La segunda vuelta colombiana ya tiene su primer partido paralelo: el de las identidades futboleras de Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda.
De la Espriella no lo oculta. Hincha declarado del Junior de Barranquilla, el abogado no desperdició la consagración del equipo tiburón en diciembre de 2025 para conectar con su base. Se metió la camiseta rojiblanca, se plantó ante la cámara y soltó la frase que después circuló por redes: “Junior, tu papá”. La jugada funcionó. El video se viralizó. El candidato presidencial supo que en Colombia hay 50 millones de personas, pero hay muchos más millones de emociones hinchistas.
Cepeda juega diferente. No hay registro público de que se declare hincha de ningún grande del fútbol profesional colombiano. Ni Millonarios, ni Nacional, ni América. Pero eso no significa que haya ignorado el fútbol. Al contrario: en abril pasado, cerca de 40 agrupaciones barristas de distintos equipos anunciaron públicamente su respaldo a su candidatura. No fue casualidad. Su campaña ha construido espacios de diálogo con colectivos de aficionados en torno a barrismo social y reconciliación. La estrategia es más de base, menos de camiseta.
El contraste es instructivo. De la Espriella monta su identidad futbolera sobre un club tradicional con hinchada concentrada y geografía clara: Barranquilla, la costa, Junior. Es hinchismo vertical. Cepeda cultiva un tejido horizontal de colectivos que trascienden la rivalidad clásica del fútbol profesional. Ambas son apuestas políticas legítimas, pero hablan de cómo cada candidato entiende la conexión con la calle.
La segunda vuelta es el 21 de junio. Faltarán tres semanas de campaña para que uno de estos dos perfiles futboleros termine siendo parte de la memoria política de 2026. O para que los dos terminen en la lista de anécdotas que los colombianos cuentan en las cantinas después de que todo haya pasado.