Por primera vez desde que se tiene registro, el desfile militar del 20 de julio no recorre la tradicional Avenida Boyacá ni pasa frente a la Casa de Nariño. La Presidencia y la Alcaldía de Bogotá confirmaron que la parada central se trasladará a Ciudad Bolívar, en el sur de la capital. El cambio marca un giro en la liturgia republicana que durante décadas concentró en el centro de la ciudad la conmemoración de los 216 años del Grito de Independencia.
Como reportó Infobae Colombia, el desfile en Bogotá está programado para las 9:00 de la mañana. En Medellín, el recorrido entre el Aeroparque Juan Pablo II y el Parque de los Pies Descalzos arrancará a las 7:00 de la mañana. Cali tendrá su desfile desde las 10:00 por la avenida Sexta. Barranquilla lo hará a las 5:00 de la tarde sobre la avenida del Río, y Bucaramanga abrió la jornada a las 7:30 con actos protocolarios y desfile a partir de las 9:30. En todas las ciudades se desplegaron dispositivos especiales de movilidad y seguridad, según el reporte del medio.
La decisión de mover la celebración a Ciudad Bolívar admite dos lecturas. La primera, auspiciosa: durante años, los habitantes del sur de Bogotá han reclamado presencia estatal efectiva, no solo presencia protocolaria. Llevar el desfile a una de las localidades con mayores índices de pobreza y vulnerabilidad social es, en el papel, un reconocimiento de que la Nación no termina en la autopista Norte. La segunda lectura es más incómoda: la ritualidad patriótica es un recurso del que todos los gobiernos echan mano, sin que ese ejercicio se traduzca en inversiones sostenidas. Un desfile anual no compensa la ausencia de bibliotecas, centros de salud operativos ni rutas escolares dignas.
Hay un tercer elemento que merece atención. En un país que atraviesa una crisis de confianza en sus Fuerzas Armadas —alimentada, según reportes de la Jurisdicción Especial para la Paz, por investigaciones sobre falsos positivos, y por expedientes abiertos en la Fiscalía sobre interceptaciones ilegales, además del deterioro de indicadores de seguridad en regiones como el Catatumbo y el Cauca—, ¿qué lectura hace la ciudadanía de exhibir el músculo militar en un acto masivo? ¿Es una apuesta institucional por recuperar legitimidad, o es continuidad de una vieja costumbre? La pregunta queda abierta.
La Bitácora ha sostenido en otras oportunidades que la fuerza pública profesional, equipada y respetada es condición indispensable para que el Estado funcione en todo el territorio. El 20 de julio es una buena fecha para recordar que la independencia de 1810 fue, ante todo, un acto de construcción institucional. Dos siglos después, el desafío sigue siendo el mismo: que esa promesa llegue a los barrios de Ciudad Bolívar, a las comunas de Medellín, a los corregimientos de Cali y a los municipios del Catatumbo, y no se quede en una tarima desmontable al final de cada desfile.