El desfile del 20 de julio cambió de sede por primera vez en su historia reciente. Como reportó Portafolio, la parada militar y policial conmemorativa de los 216 años de la Independencia dejó la tradicional avenida Boyacá y se trasladó a la avenida Ciudad de Villavicencio, en la localidad de Ciudad Bolívar, al sur de Bogotá. El recorrido, de unos cuatro kilómetros, atraviesa los barrios El Perdomo, Madelena, El Ensueño, Candelaria La Nueva y Casa Linda, y termina cerca de la estación de Bomberos de Ciudad Bolívar. Participan efectivos del Ejército, la Armada, la Fuerza Aeroespacial Colombiana y la Policía Nacional.
La movida es más que logística. Llevar la parada a una de las localidades con menor índice de desarrollo humano de la ciudad tiene un valor simbólico que las Fuerzas Militares suelen defender con argumentos pedagógicos: acercar la institución a poblaciones históricamente apartadas, visibilizar la tropa ante civiles que rara vez la ven en operación, fortalecer el vínculo entre la fuerza pública y la ciudadanía. Es un argumento atendible, y esta columna lo reconoce.
Dicho esto, sería ingenuo ignorar la lectura política. El presidente Gustavo Petro preside la jornada. Lo acompañan el bloque de aviación con cerca de 6.697 soldados, según datos publicados por Portafolio, la demostración aérea de 19 aeronaves entre KFIR, Texan T-6C, Huey II y Bell, y el paso de unidades como el CONAT, creado en febrero de 2021 para enfrentar el narcotráfico y las amenazas transnacionales. Una parada con esa magnitud, en una localidad con indicadores sociales deficitarios y fuerte presencia de base oficialista, dificilmente puede desligarse del calendario electoral que se avecina.
El rediseño del recorrido tampoco es neutro en costos. La Secretaría Distrital de Movilidad programó restricciones sobre la avenida Ciudad de Villavicencio, con cierres adicionales en la avenida Boyacá y la avenida Gaitán Cortés. TransMilenio anunció ajustes en rutas alimentadoras del Portal Tunal. Los habitantes del sur, que soportan cierres desde tempranas horas, pagan la cuenta logística de un evento que en condiciones normales discurre por corredores con mayor capacidad de absorción.
Hay un segundo punto que merece atención. La jornada coincide con la difusión de imágenes del llamado presidente electo Abelardo de la Espriella presidiendo el desfile en Medellín, según el mismo cubrimiento de Portafolio. Si esa información se confirma en el cierre de la jornada, estaríamos ante una coreografía institucional compleja: dos autoridades pretendiendo encabezar la misma conmemoración patriótica en ciudades distintas. La Constitución no contempla la figura de presidente electo paralelo; la que existe es la de presidente en ejercicio, investido el 7 de agosto de 2026. Cualquier protagonismo alterno en actos de fuerza pública antes de esa fecha requiere, como mínimo, una explicación del Ministerio de Defensa sobre el protocolo aplicado.
El 20 de julio es la fecha de la Independencia, no la de ningún gobierno. La República tiene símbolos, no dueños. Que el desfile se celebre en Ciudad Bolívar puede ser una decisión razonable si se repite año tras año, sin selectividad ideológica, y si el costo de movilidad y seguridad no termina recayendo, como tantas veces, sobre los mismos contribuyentes del sur. Lo que esta columna pide es simple: pedagogía republicana sin propaganda, y fuerza pública exhibida con el rigor institucional que la fecha merece.