El primer Consejo de Seguridad del gobierno de Abelardo De la Espriella se realizó en Cali la madrugada del sábado 8 de agosto de 2026, horas después de su posesión, y dejó una fotografía política elocuente: la región suroccidental llegó con reclamos concretos y un mensaje directo al gobierno saliente.
La gobernadora del Valle del Cauca, Dilian Francisca Toro, sostuvo que “la Nación nos falló en el gobierno anterior” y que el departamento respondió con recursos propios, en referencia a la tasa de seguridad departamental con la que, según declaró, se financiaron capacidades de la fuerza pública. La mandataria anunció que su administración cofinanciará la sustitución de cultivos ilícitos y la consolidación del Batallón de Alta Montaña, y respaldó el regreso de la aspersión aérea como herramienta dentro de la estrategia antinarcóticos, según reportó Infobae Colombia.
El alcalde de Cali, Alejandro Eder, acompañó el diagnóstico. En su cuenta de X señaló que la región habló “con una sola voz” sobre la necesidad de mayor presencia estatal y resultados frente a las economías ilícitas y los grupos armados que hacen presencia en el Pacífico, entre ellos el Estado Mayor Central que, según las autoridades, estaría liderado por Néstor Gregorio Vera Fernández, alias Iván Mordisco.
El encuentro incluyó a los gobernadores de Cauca, Jorge Octavio Guzmán, y de Nariño, Luis Alfonso Escobar, además de alcaldes de las principales ciudades del suroccidente. Según Toro, la reunión se extendió hasta la madrugada y se realizó “en absoluta reserva”, y sirvió para definir una ruta de articulación entre ministerios de Minas, Infraestructura, la fuerza pública y otras entidades, con el objetivo declarado de “ejercer un verdadero control sobre las economías ilícitas”.
Hay tres elementos que vale la pena subrayar.
Primero, la oportunidad política. El gobierno de De la Espriella arrancó con un gesto regional fuerte: posesionarse en Cali y convocar, en cuestión de horas, a los mandatarios locales. Es una señal de jerarquía territorial que contrasta con la dinámica centralista que se le criticaba a la administración anterior.
Segundo, la rendición de cuentas selectiva. La frase “la Nación nos falló” funciona como un cierre contable del ciclo Petro en materia de seguridad. El Valle exhibe lo que invirtió con la tasa de seguridad y lo que, según la gobernadora, no llegó del nivel nacional. Es una manera de condicionar la cooperación regional: ponemos recursos, exigimos articulación.
Tercero, el método. Se habló de aspersión aérea, sustitución, batallón de alta montaña y articulación interministerial. Es un menú conocido, pero su valor dependerá de la ejecución. La próxima semana, según Toro, el gobierno nacional debería fijar fecha para ampliar la información y operativizar la estrategia. Ese cronograma será la primera prueba seria del nuevo Ejecutivo.
La región, además, dejó planteada una demanda de fondo: presencia efectiva del Estado donde las disidencias y las economías ilícitas han ganado terreno. Si el gobierno de De la Espriella logra traducir el consejo de esta madrugada en decisiones presupuestales y operativos sostenidos, el suroccidente将成为 su principal respaldo territorial. Si no, las gobernaciones que hoy se alinearon con el nuevo presidente tendrán munición propia para exigir resultados.
Por ahora, la política se movió más rápido que la estrategia. La pregunta es si la estrategia alcanzará a la política.