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La Bitácora

Opinión, ensayo y memoria política

Política · Análisis · 19 jun 2026

El voto por descarte y la fragilidad electoral del centro

La decisión de Jennifer Pedraza expone un patrón: el votante técnico de la centroizquierda termina eligiendo por rechazo, no por convicción.

El voto por descarte y la fragilidad electoral del centro — Política, ilustración editorial

A dos días de la segunda vuelta presidencial, la representante a la Cámara por Bogotá Jennifer Pedraza confirmó públicamente su respaldo a Iván Cepeda con una fórmula inhabitual en la política colombiana: votar por un candidato por rechazo al contendor, no por afinidad con su proyecto. Según reportó Infobae Colombia, la congresista sostuvo que la candidatura de Abelardo de la Espriella configura, a su juicio, riesgos para la institucionalidad democrática y que, por esa razón, decidió tomar partido.

El dato relevante no es el anuncio. Es la arquitectura argumental. Pedraza fue jefa de debate de Sergio Fajardo en primera vuelta, milita en Dignidad y Compromiso y se cuenta entre las voces más críticas del petrismo en el Congreso. Y, sin embargo, terminó del lado de Cepeda. La congresista lo dijo con claridad: un voto no es obediencia, y advirtió que fiscalizará a Cepeda si, según sus propias palabras, este repite errores del gobierno saliente.

Lo que describe la nota de Infobae es, en el fondo, la liquidación electoral del centro como fuerza competitiva. Fajardo no pasó a segunda vuelta. Su votante útil —académicos, independientes, sectores de derechos— tuvo que elegir entre dos proyectos que rechaza. Pedraza eligió el mal menor. Otros, según el mismo reporte, se inclinan por el voto en blanco.

Hay tres elementos que merecen lectura fría.

Primero, el método. Pedraza habló de encuentros poco eficientes con el equipo de Cepeda. El candidato del progresismo no habría logrado seducir a una aliada natural —una congresista de izquierda crítica del gobierno— antes de la elección. La negociación con el centro no se construyó: se improvisó en cuarenta y ocho horas.

Segundo, el contenido. Pedraza enumeró lo que está en riesgo: educación pública, ecosistemas estratégicos, derechos de las mujeres. Son agendas que no son patrimonio de ningún partido, pero que en la política colombiana se han vuelto sinónimo de un bloque. La centroizquierda quedó atrapada en la polarización que ella misma denuncia desde el Congreso.

Tercero, el contraste entre las dos opciones. Las posiciones atribuidas a De la Espriella y reseñadas por Infobae —actuar por la razón o por la fuerza, acabar con la JEP, insistir en el libre porte de armas, una concepción de las mujeres que el propio reportaje transcribe como “extensión de los hombres”— configuran un catálogo de propuestas verificables. Pedraza no tuvo que inventar el contraste: lo documentó con las declaraciones públicas del propio candidato.

La pregunta que deja el anuncio es estructural. ¿Qué ocurre cuando una congresista con perfil técnico, formación académica y respaldo electoral propio debe votar por un candidato crítico de su propio bloque? Ocurre lo que ya pasó: se vota por descarte, y se vota con la condición explícita de fiscalización. Esa es la lectura institucional que cabe.

Para La Bitácora, el episodio tiene una consecuencia editorial clara. El centro político colombiano no existe como fuerza electoral propia en 2026. Existe como un conjunto de ciudadanos críticos de ambos polos que, ante la ausencia de opción propia, se reubican tácticamente. Cuando eso ocurre, la fiscalización se vuelve más importante que nunca. Una congresista votando con la advertencia explícita de que denunciará los errores del candidato respaldado cumple, paradójicamente, una función más útil para el equilibrio institucional que un voto entusiasta y silencioso.

La segunda vuelta se definirá por quién logre que ese votante crítico se quede en casa. Y por quién logre que, después del 22 de junio, ese mismo votante tenga razones para no arrepentirse. El centro, mientras tanto, sigue esperando su próxima oportunidad electoral.

Si el patrón se repite elección tras elección, cabe preguntarse si el centro tiene ya un problema estructural de oferta, o si los movimientos tácticos como el de Pedraza son apenas el preludio de una reconfiguración más profunda del sistema de partidos.

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Columnista de La Bitácora

Catalina Restrepo Mejía

38 años, Medellín. Egresada de Ciencia Política de EAFIT con maestría en Periodismo de los Andes. 15 años cubriendo contratación pública y política regional.

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