Más de 27 millones de peruanos fueron convocados a las urnas, según reportó BBC Mundo, para escoger al noveno presidente de la última década. El conteo rápido sitúa en empate técnico a Keiko Fujimori y César Sánchez, un resultado que, de confirmarse, reeditará un patrón conocido de fragmentación política.
Lo que el preliminar revela no es una fotografía electoral aislada, sino la continuidad de un sistema sin partidos capaces de articular mayorías estables. Perú ha cambiado de jefe de Estado siete veces en diez años por vacancia, renuncia o destitución. El noveno mandato, según la misma fuente, sería ante todo un síntoma de esa secuencia, no una excepción.
Sobre el perfil de las dos candidaturas, conviene registrar lo que han señalado medios y organismos de seguimiento. Keiko Fujimori carga, según múltiples informes de prensa internacional, con el lastre político de la condena a su padre, Alberto Fujimori, por violaciones a derechos humanos y corrupción, y con un partido, Fuerza Popular, al que se le atribuye haber bloqueado reformas estructurales desde el Congreso durante la última década. César Sánchez, por su parte, encarna —según analistas citados por la prensa regional— un proyecto de derecha económica con discurso de mano dura, pero sin bancada propia que le asegure gobernabilidad sin cesiones permanentes. La pregunta razonable es si alguna de las dos opciones representa una ruptura con el ciclo de inestabilidad. La respuesta preliminar, a la vista del conteo rápido, sugiere que no.
El antecedente inmediato es el balotaje de 2021, cuando Pedro Castillo ganó a Fujimori por 44.000 votos y luego fue destituido por el Congreso tras intentar cerrar el Legislativo, según el registro histórico que recogen medios como BBC Mundo. La dinámica entre Ejecutivo y Legislativo, dominada por la cuestión de confianza y la censura ministerial, ha convertido cada gobierno peruano en un experimento de corta duración. ¿Garantiza ganar una elección ejercer el poder? La evidencia reciente indica que no.
La prensa internacional ha subrayado, además, que la jornada transcurrió con baja incidencia violenta y participación significativa, dos datos que la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) y el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) suelen capitalizar como signos de normalidad institucional. La paradoja, si cabe, es operativa: las piezas estables del Estado peruano son las que custodian el voto, no las que gobiernan.
Para los vecinos de la región —Colombia, Ecuador y Bolivia—, la lectura es directa. Cuando un país pierde la capacidad de producir mayorías parlamentarias coherentes con el Ejecutivo elegido, el resultado suele ser una secuencia de gobiernos cortos, reformas truncas y élites que se reciclan bajo etiquetas nuevas. Perú no está en el extremo de Venezuela o Nicaragua, pero tampoco en el de Chile o Uruguay. La politología suele denominar democracia defectuosa a ese rango intermedio: instituciones formales que funcionan, pero que no producen gobernabilidad sostenida.
En el plano económico, el dato importa. La Alianza del Pacífico, la suscripción pendiente al CPTPP y los tratados bilaterales con Estados Unidos y la Unión Europea requieren un Ejecutivo con respaldo legislativo. Un gobierno sin bancada propia deberá negociar cada proyecto, cada presupuesto y cada designación bajo la amenaza de una nueva vacancia. ¿Quién firma y ejecuta, en ese escenario, los compromisos comerciales que el país ha suscrito?
Lo que viene es, en buena medida, predecible: un Congreso probablemente dividido, un gabinete de corta vida y una oposición con incentivos para bloquear antes que negociar. El péndulo entre el fujimorismo y el antisánchez —o el inverso, según quien gane— no producirá por sí mismo las reformas que el país necesita en seguridad, infraestructura o lucha contra la corrupción. La historia reciente así lo sugiere.
La región observa. Colombia observa. Porque cuando un país vecino entra en una nueva fase de ingobernabilidad, las consecuencias migratorias, comerciales y de seguridad cruzan las fronteras antes de que los presidentes electos terminen su primer discurso. La estabilidad institucional no es un asunto doméstico: es un bien público regional que, en las últimas diez elecciones peruanas, según el recuento de BBC Mundo, nadie ha logrado construir.
El escrutinio continúa y, según BBC Mundo, el margen es estrecho. La pregunta de fondo, gane quien gane, es si esta vez el sistema producirá mayorías o repetirá la secuencia.