¿Qué distingue al favorito que se corona del que naufraga antes de tiempo? España llega a cuartos de final como el equipo que todos señalaron desde el sorteo, pero enfrenta ahora a una Bélgica que ha demostrado que el golpe de estado ofensivo no requiere corona previa. Los belgas están entre los tres máximos anotadores del torneo, una estadística que debería inquietar a quienes creen que el favoritismo se juega en el papel.
La historia del fútbol mundial está poblada de cadáveres de equipos que llegaron con la etiqueta intacta y se fueron con las maletas prematuras. Brasil 1950, Argentina 2002, España misma en 2014. El favoritismo es una carga que se paga con intereses compuestos: cada victoria esperada aumenta la expectativa, y cada expectativa incrementa el peso de la derrota. Tocqueville, en otro contexto, observó que las democracías tienden a idealizar el futuro inmediato; algo similar ocurre con los pronósticos deportivos, donde el presente convincente se proyecta como destino inevitable.
Pero hay algo más en juego aquí que la mera psicología del rendimiento. Bélgica representa el arquetipo del equipo que construye su identidad en el torneo mismo, no en la historia previa. No llegaron con la pompa de los españoles, pero han anotado con la regularidad de quienes entienden que el gol es el único argumento que no admite réplica. Esta es una de las paradojas del fútbol contemporáneo: la posesión elaborada, el tiki-taka heredado, puede ser desarticulada por la verticalidad que no pide permiso. Popper, hablando de la sociedad abierta, advertía sobre el peligro de las utopías cerradas; en la cancha, la utopía del control absoluto suele encontrar su límite en la imprevisibilidad del rival.
Francia, ya clasificada a semifinales, observa desde la distancia. Su presencia anticipada en la siguiente ronda introduce una variable adicional: el ganador de este cruce sabe que enfrentará a un equipo con descanso superior, con tiempo de estudiar, de ajustar, de preparar la trampa. En los torneles largos, la ventaja del calendario no es menor. Los colombianos que hemos visto a nuestra selección caer por fatiga acumulada en instancas decisivas entendemos que el cuerpo técnico debe administrar no solo el once, sino los minutos de tensión.
La pregunta central, formulada con precisión, sería así: ¿el favoritismo es una herramienta o una trampa? España tiene la plantilla, la experiencia reciente en Europa, la estructura. Pero Bélgica tiene la demostración tangible de que el arco contrario sigue siendo el territorio donde se resuelven los mitos. En el fútbol, como en la política, las apariencias sólidas pueden disolverse en noventa minutos de presión real.
El partido de hoy no decide el torneo, pero define qué tipo de torneo será para el ganador. Una semifinal contra Francia con la certeza de haber superado la prueba del fuego, o el silencio de quienes llegaron con estatus y se fueron con la etiqueta arrugada. La historia escribe sus ironías sin consultar a los protagonistas.