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La Bitácora

Opinión, ensayo y memoria política

Deportes · Análisis · 17 jun 2026

¿Qué le cuesta a Colombia creerse favorita en el Mundial?

El liderato del Grupo K obliga a preguntarse por la fragilidad histórica de las ilusiones deportivas nacionales.

¿Qué le cuesta a Colombia creerse favorita en el Mundial? — Deportes, ilustración editorial

Hay un tipo de certeza que los colombianos manejamos con torpeza: la de ser favoritos. El empate entre Portugal y Congo, sumado a la victoria de la Tricolor sobre Uzbekistán, deja a Colombia en una posición inesperadamente cómoda en el Grupo K del Mundial 2026. La pregunta que merece formulación precisa es esta: ¿por qué nos resulta más natural desconfiar de la ventaja que administrarla?

La respuesta no está en el fútbol, sino en lo que Tocqueville observó sobre las democracias jóvenes: la dificultad para proyectar confianza institucional hacia el futuro. Los países con trayectorias deportivas discontinuas —y Colombia es un caso paradigmático— desarrollan una especie de memoria traumática que distorsiona la percepción del presente. El 3-1 sobre Uzbekistán fue, objetivamente, un partido solvente: posesión controlada, resolución en momentos de tupida defensa rival, y una jerarquía que se impuso cuando el marcador se complicó tras el empate transitorio. Daniel Muñoz, Luis Díaz, Gustavo Puerta y Jaminton Campaz anotaron con recursos distintos, lo que habla de un colectivo con múltiples vías de gol. Sin embargo, la sensación dominante entre los espectadores no fue la de plenitud, sino la de alivio contenido.

Esto contrasta con lo ocurrido en Houston, donde Portugal de Cristiano Ronaldo no pudo desarmar el bloque congoleño. João Neves abrió el marcador a los seis minutos; Yoane Wissa igualó antes del descanso. El dominio posicional de los lusos en la segunda mitad resultó estéril ante un equipo africano que entendió su condición de subalterno y la convirtió en virtud táctica. Arthur Masuaku, desde un córner, y Wissa, de cabeza, demostraron que en el fútbol contemporáneo la posesión sin profundidad es una estadística hueca. La República Democrática del Congo se perfila, con un punto, como la incógnita del grupo.

La tabla refleja una realidad provisional pero significativa: Colombia lidera con tres puntos y diferencia de gol +2; Congo y Portugal empatan con uno; Uzbekistán arranca sin unidades. La fecha del 23 de junio —Portugal contra Uzbekistán al mediodía, Colombia contra Congo a las nueve de la noche— presenta un escenario de definición anticipada. Una victoria tricolor certificaría el liderato; una derrota o empate reabriría el grupo hacia el caos matemático que tanto tememos.

Aquí entra el antídoto documental contra el sesgo. Colombia no es, estadísticamente, una potencia mundial. Pero tampoco es el equipo frágil de la autoimagen nacional. En la era de Néstor Lorenzo, la selección ha construido una identidad de juego que prioriza la solidez defensiva sin renunciar a la transición vertiginosa. Camilo Vargas cometió un error en el gol uzbeko; también realizó intervenciones que evitaron el empate definitivo. El portero, como la institución, funciona cuando el conjunto compensa las fallas individuales.

Arendt escribió sobre el totalitarismo que la mentira más peligrosa es la que un pueblo se cuenta sobre sí mismo. En el deporte, el equivalente es la narrativa de la maldición, la del destino adverso, la del “casi”. Colombia no necesita creerse Brasil o Argentina; necesita dejar de creerse víctima predestinada. El liderato del Grupo K es un hecho, no una interpretación. Administrarlo exigirá de Lorenzo y sus jugadores una virtud que nos ha costado cultivar: la paciencia de quien sabe que el favoritismo se juega en cada pelota, no en la retórica previa.

El martes 23, contra Congo, la selección enfrentará a un equipo que ya demostró que los nombres ilustres no le impresionan. Esa será, quizás, la prueba más valiosa: no la de confirmar el liderato, sino la de confirmar que sabemos ocuparlo.

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Columnista de La Bitácora

Mauricio Vélez Camargo

54 años, Bogotá. Derecho Universidad Nacional, filosofía política en la Javeriana, máster Complutense de Madrid. 15 años en medios colombianos y europeos.

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