Faltan doce días para la segunda vuelta del 21 de junio de 2026 y el debate entre Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella sigue sin agendarse. No por falta de tiempo, sino porque la campaña entra en su tramo final dedicada a discutir quién define las condiciones del encuentro, en lugar de discutir las condiciones del país.
De la Espriella dijo en 6AM W, de Caracol Radio, que lleva seis meses solicitándole un debate a Cepeda y que ahora, cuando según sus palabras Cepeda “está mal en las encuestas”, el contendor pone condiciones. Agregó que no le importa la metodología: “que vaya con papelitos, que lleve asesores, lo que quiera”. El candidato planteó además que las fórmulas vicepresidenciales deberían estar presentes en el mismo escenario, o al menos en un debate paralelo, por la relevancia constitucional del cargo.
La observación sobre las vicepresidencias es razonable. La Vicepresidencia de Colombia no es un cargo decorativo: por diseño constitucional acompaña la sucesión presidencial, la articulación con las regiones y, según el énfasis de cada administración, agendas específicas de política social o de seguridad. Un debate donde ambos aspirantes a la Vice expongan su trayectoria y sus prioridades no es un capricho: es un ejercicio de rendición de cuentas al electorado, usualmente invisibilizado.
Dicho esto, la discusión sobre la logística lleva meses eclipsando la discusión sobre el contenido. El país necesita escuchar cifras, planes y rutas. Necesita saber cómo piensan resolver la sostenibilidad del sistema de salud, la transición energética, la seguridad en las regiones, las pensiones y el déficit fiscal. Esos temas no admiten más aplazamientos ni más formatos negociados por prensa.
A la campaña de Cepeda le corresponde una respuesta institucional: aceptar el debate, fijar fecha y lugar, e incluir a las fórmulas. A De la Espriella, le corresponde reiterar la disposición sin condicionamientos nuevos. A los medios, les corresponde organizar el encuentro con reglas claras, tiempos iguales y moderación profesional, como ya ofrecieron Caracol Radio y otros medios.
Si la democracia se mide también por la calidad del contraste público entre candidatos, lo que ha ocurrido hasta ahora no aprueba el examen. Seis meses de pedidos cruzados, condiciones cruzadas y declaraciones cruzadas han producido más ruido que información. El 21 de junio el votante decidirá. Mientras tanto, los equipos técnicos de ambas campañas deberían preparar a sus candidatos para responder, con cifras y propuestas, las preguntas que la prensa —y el electorado— les formulen.
La urgencia no es retórica. Es presupuestal, institucional y de seguridad. Un debate bien hecho no garantiza un buen gobierno, pero un país sin contraste serio entre sus opciones llega mal preparado a las urnas. Los candidatos, las fórmulas y los medios tienen todavía una ventana para corregir el rumbo. Está por verse si la usan.